Me parece tan claro ahora por qué no las imágenes, la música, el baile o la actuación. La plasticidad de las palabras es un velo de subjetividad que a veces juega con la parte un poco más unívoca, la parte social, y aquello que es más escurridizo, los sentimientos, por ejemplo. Cuando se pinta la tristeza, cuando se le pone en escena, cuando es esbozada con notas, es otra, la materia del mensaje. Cuando se dice « tristeza », el que lee se relaciona con él mismo, con su historia. Hay tantas tristezas como hombres sobre la Tierra. Y la frase donde se nombre aquel sentimiento, tejerá el hilo del sentido de manera única. Podemos estar de acuerdo en que un trazo es rojo, mucho más de lo que podemos asegurar, frente a un interlocutor deseoso de entrar en la carne de un tema, que la melancolía o el júbilo son tal o cual cosa. A pesar de ello, nos entenderemos.
No es una discriminación hacia otras artes, es una confidencia, una certidumbre nueva que se plantó ante mí, y que me aclara la elección no de un oficio, sino de un modus vivendi, para hacer frente a la única realidad que me tocará vivir.

¿Eso quiere decir que ya no vas a tocar más la guitarra?