Cuando ya no te quede nada
No deseo ser más que tu amigo, y te prometo que
Te acompañaré en tanto que camines sola
Cenaremos los dos si en la mesa no hay más que hambre
Te escucharé mientras todos se tapen los oídos
Dormiré a tu lado las noches que no tengas cama
Me reiré junto a ti de la ridícula tristeza
Perderé también el autobús y esperaremos otro
Compartiré contigo todo lo que soy y lo que tengo
Y ahora, expuestos todos mis buenos propósitos, sólo he de hallar una idea inexistente para que me ames en alguna medida. Me conformaría con la milésima parte de la mitad de una brizna de hierba, con tal de que sea tan verde que no se marchite al calor de la angustia.
28 Enero, 2008 a las 11:38 pm
“Cuando ya no te queda nada”, cuando no hay nada que perder, entonces obtienes algo mucho más valioso que cualquiera de las cosas que antes tuvieras: la libertad. Ya no habrá miedos por conservar lo que se tiene (ya que no se tiene), no habrá miedos por perder lo que se ha conseguido y la liberación de las propias limitaciones (miedos) se hará realidad.
“Sólo cuando no tienes nada que perder eres libre para actuar” El club de la Lucha.
29 Enero, 2008 a las 12:21 pm
Conforme con hojita de menta. 300%. En cuanto tienes algo que perder la libertad se va al carajo, puesto que algunas veces lo que te apetece implica penalización, riesgo de pérdida. Y pupa al canto. Cuando uno lo pierde todo, gana en autonomía: a menos equipaje, menos peso.
29 Enero, 2008 a las 12:23 pm
Díces:
“Y ahora, expuestos todos mis buenos propósitos, sólo he de hallar una idea inexistente para que me ames en alguna medida”
La idea para que te ame es la naturaleza misma de tus buenos propósitos. Así que ya tienes una.