El espantapájaros
Lloro por ti pero tú no me ves. Te dedico palabras que no escuchas. Compongo poemas pésimos que tampoco lees.
Sin embargo, todo lo hago por ti. Desde que me levanto hasta que me acuesto, eres la única motivación de cada acto.
Pienso en si te gustaría esto o lo otro; en qué opinarías sobre una idea, o en qué me responderías si te planteara mi inquietud.
Jamás sabré cómo habrías actuado si a bocajarro te hubiese soltado un “te quiero”, ni si hubiera intentado besarte. Bueno, sí; supongo que negativamente, pero ignoro la forma exacta.
Y es que en cuanto a ti, todo es ignorancia, desconocimiento, especulación sobre lo que pudo ser y no fue.
Te levantas cada mañana y ya llevo un rato pensando en ti; te acuestas cada noche y hace horas que velaba tu sueño.
Te cambias de ropa y he adivinado aun sin verlas las formas de tu cuerpo. Hablas y no te oigo, pero me figuro lo que dices.
Tu vida está aparte, lejos; ajena a la mía, como si te trataras de una recta paralela que está abocada a estar frente a mí, pero a la que nunca tocaré ni tan siquiera en mis mejores sueños.
El mundo cambia, los días pasan y sólo fantaseo con tu recuerdo, pues una simple reminiscencia tuya es el complemento necesario para hacer caminar a un espantapájaros como yo, que se sustenta a base de carbohidratos, tetrahidrocannabinol y nicotina.
17 Enero, 2008 a las 12:39 pm
Deja de ser un gilipollas! Levántate! Sal desde debajo de la manta! no suscitas compasión en mí, esperas que alguien te diga “animalito…”, sobre todo ella, pero no ocurrirá. A ella le das igual. Deja de decir todo lo que harías y hazlo de una vez por todas. El mundo es duro para todos, si tú no eres capaz de enfrentarte a él no mereces vivir. Tanta palabrería, tanto “ay…pobre de mí, compadecedme, por favor!” me dan ganas de vomitar.
17 Enero, 2008 a las 4:56 pm
No sabes una mierda, anónimo.
Me he levantado y camino. Esto es sólo literatura.
La compasión es para los débiles; yo me hago querer por mí mismo
20 Enero, 2008 a las 5:20 pm
…
Precioso
31 Marzo, 2008 a las 10:08 pm
[...] le pareció que incluso años-, que no se miraba en un espejo. Cuando lo hizo, no daba crédito al espantapájaros en que se había convertido. La alopecia le había avanzado galopantemente. Lo que antes eran unas [...]