Fecha de mi muerte
Desde que la manipulación genética está a la orden del día, se saben absolutamente todos los datos relativos al desarrollo de los embriones artificialmente concebidos: Color de los ojos y del pelo, habilidades, coeficiente intelectual e incluso la fecha de su defunción, (seguramente a alguien le pareció muy frívolo llamarlo caducidad). Por consiguiente, la reproducción humana y animal mediante procedimientos naturales, ha cesado de estar en boga.
Y este era el panorama en el momento en que me vi en la obligación de denunciar a la Factoria de Reproducción Artificial Europea (FRAE) a causa de una negligencia que cometieron en mi concepción. El motivo por el que protestaba, es que se marcaron el desagradable detalle de dejarme la fecha de mi muerte adherida a la nuca. Seguramente para el que olvidó retirar aquella placa metálica, no se trataba de nada más grave que dejar por error el precio en un regalo; pero ciertamente, me convierte en un desdichado portar esa etiqueta. Nadie se presta a contarme qué reza y es técnicamente imposible verla en un espejo debido a que está diseñada para que sólo pueda leerse con visión directa y luz ultravioleta.
Estalló un escándalo público y la empresa que operaba a nivel europeo, fue conminada a indemnizarme sin previo juicio ante el temor de que una sedición surgiera. Al parecer, aquellos tiempos tan deshumanizados que corrían nos hacían aún más sensibles a los errores humanos que comportaban la infelicidad a los demás. No se trataba de nada permisible en este mundo perfecto de cielo siempre azul, individuos sempiternamente jóvenes e inteligentes y para nada hostigados con el suplicio de un trabajo de más de dos horas diarias.
Al ser la FRAE una empresa multibillonaria, todos creyeron adivinar a ciencia cierta cuál iba a ser mi petición: La cifra más alta de dinero que fuera capaz de pronunciar. Si bien esta tesitura es cuando menos, curiosa: ¿Se imaginan en mi lugar? Venga, dígame el número mayor que pueda. ¿No se le he ocurriría acto seguido otro más cuantioso?
Y quizá fue por eso, o quizá por el simple motivo de que soy estúpido; pero no quise su capital. En vez de eso, les demandé que me contaran de manera oficial, todos los datos que tuvieran sobre mí en su registro privado; entre los cuales, cómo no, se encontraba el día, el mes y el año en que dejaría de respirar y mis órganos serían totalmente reciclados.
La junta directiva de la FRAE, no cabía de gozo en su interior. Se juzgaban a sí mismos muy afortunados porque su único demandante en ciento cincuenta años de trabajo, fuera un excéntrico que carecía totalmente de ambición.
El mismo director gerente de la compañía, me hizo entrega de un documento oficial con el sello de la asociación, metido en un sobre lacrado tal que si nos halláramos el siglo XIX.
El corazón me palpitaba tan deprisa, que casi no podía leer. Los ojos se me querían salir de las cuencas y tenía el rostro desencajado.
Cuando llegué a la línea que por fin revelaba la fecha de mi muerte, no me dio tiempo a terminar de leerla, pero tampoco lo necesité. Fenecí en aquél mismo instante, pues no existe persona alguna en el mundo que pueda ser conocedora de la fecha de su muerte y seguir vivo y ufano como si nada ocurriera.
5 Marzo, 2008 a las 5:24 pm
chupenmela
5 Marzo, 2008 a las 5:25 pm
culia2 marakos
9 Junio, 2008 a las 10:51 pm
el hueven q escrivio cupenmela y culia2 carakos solo es un pobre pendejo q no tiene dinero noi para sus pajas y usa una bolsa como cond…. y se la …. a su …. asi q si otro huevon hace lo mismo q este cojudo de Bryan les prometo q les voy a insusltar peor q este por q este solo es una muestra OK a y unos saludos a todos q juegan wow XD
6 Septiembre, 2008 a las 5:01 am
Mi comentario es que sí tú no quieres ver tú muertes pues elije a dios para que tú vida vaya bien o sí quieres ver tú muerte resale al diablo para que lo puedas ver