Rebajas 2008

Las tiendas de ropa son ese tipo de sitios que me hacen sentir como una mosca desprovista de alas, que se ve obligada a utilizar unas patas desacostumbradas al ejercicio, para caminar por el suelo. No las frecuento mucho, pues los trapos son una de mis últimas inversiones y nunca me he preocupado por ellos de manera no fingida. No me fijo, no los observo, no los recuerdo…
Podría ver desfilar ante mis ojos a tres individuos vestidos cada uno de un color, y seguro que los grabaría en mi memoria en atención a cualquier otro detalle. También apoya esta afirmación el hecho de que haya metido todo mi vestuario en armarios ajenos, y luego, al intentar recuperarlo ya no lo reconocía ni me identificaba como su propietario. Es por eso que si me tienen de visita en su casa por unos días, no han de juzgar como extraño que no deshaga la maleta.

La escasa ropa la adquiero normalmente gracias a la red de redes o a que mi santa madre siempre ha comprado en comercios de pueblo donde la dejan llevarse los atavíos a casa para mi posterior inspección. Visto así, se podría decir que soy un mal hijo; pero sin embargo, la culpa es suya y no mía, pues realmente se empeña en ocuparse de una cuestión que para mí es totalmente irrelevante.

No obstante, he entrado en ellas, contadas ocasiones - y siempre instigado por un tercero- en las que me he percatado de comportamientos sociales bastante anómalos.
Por poner un ejemplo, las personas que no gozan de una figura esbelta ni de unas facciones atractivas, pasan horas buscando retazos de tela que los hagan sentirse más guapos. Cabe preguntarse: ¿De verdad existe alguna forma en que una mujer que mide metro y medio y pesa setenta kilos pueda sentirse bella? Al parecer para ellas, sí.
Sin embargo, la belleza ya saben que no es algo que se aprecie individualmente de manera natural. Me explico: Nos acicalamos para los demás, cuales flores en primavera para atraer las abejas, independientemente de qué más motivos urdamos para justificarnos. La prueba de ello está en el chándal que se suele llevar en la intimidad de su casa o los andrajos vetustos que se guardan para realizar tareas de poco lustre. Si realmente buscáramos impresionarnos a nosotros mismos, no importaría que estuviéramos solos o en compañía de todo el personal de la empresa; procuraríamos estar lo más atractivos posible siempre de los siempres.

Aquí es donde reside el punto clave de esta disertación: Son capaces de autoengañarse y pensar que son más hermosos por gastarse cien euros en ropa, pero indudablemente, que los demás consideren lo mismo, es una tarea mucho más ardua. Lo cual, no quita que mil voces melosas alaben el estrambótico despilfarro que un acólito de la moda de distraída belleza acaba de realizar, instándolo a sumergirse en un consumismo tan absurdo como inútil que lo acabarán por hacer reincidir en el mismo comportamiento cada vez de manera más profusa y continuada.

Si bien ya he hecho hincapié en algo tan contraproducente como gastar el dinero en ropa, cuando obviamente no se la va a lucir; todavía vislumbro una situación peor: La de aquellas personas normales o bellas, que para estarlo aún más, concurren los establecimientos en los que se prueban cientos de ropajes en la esperanza de hallar uno que los favorezca especialmente. ¿A alguien se le ocurre alguna fruslería de peor calaña para perder tiempo y pecunia?
Todos los desnudarán con la mirada, se fijarán en sus ojos o en su pelo; repararán en la textura de su piel, serán amables y encantadores con ellos para intentar agradarles; sin importar un ardite los zapatos que calcen ni los pantalones que porten. Todos, menos los cuatro enanos mentales que realmente conceden al buen gusto en el vestir (¡ja! ¡Me río yo de sus criterios universales!) una suma importancia más allá de mundanales valores tales que la literatura, la música o la cinematografía.

Concluyendo, no sé el día que van a empezar las rebajas; pero sea cual sea su caso, cómprense mejor algo que les sea más gratificante: Alcohol, putas, drogas, tabaco o lo que se le ocurra.

3 respuestas para “Rebajas 2008”

  1. ANONIMO:

    Para alcohol, putas, drogas,… prefiero mis rebajillas.

  2. Airuna:

    A mí (que tengo nombre xD) no me gustan las rebajas, ir de compras menos, la moda me agobia, y a menudo la ropa me es un estorbo. Pero vivo en sociedad, zapato que a ratos aprieta, aunque a ratos entretenga tambien. Personalmente, ni alcohol ni putas ni drogas. Mejor libros, teatro, cine o viajes. Por supuesto, mejor sola que mal acompañada, aunque me toque pagar xD.

  3. Misosofos:

    Claro que sí, Airuna. Tú sí que eres una mujer con buen gusto.
    Por eso eres lesbiana igual que yo.

Deja un comentario