Ridículos idealistas
Todo idealista acérrimo, se acaba convirtiendo en aquello que odia con suma fuerza.
Las ideologías no afectan más que transitoriamente al ciudadano medio. Así, no es extraño que las personas cambien a lo largo de su vida de tendencias políticas, inclinación sexual u opinión respecto a aquello que tiempo atrás se le antojaba tan claro.
Cuando se odia durante mucho tiempo algo, se acaba por despertar una curiosidad interior o un recelo; un afán de experimentación acuciante que nos empuja hacia ello. Claro está, en el caso de las aversiones verdaderas, pues también es frecuente hallar individuos que adoran lo que según sus afirmaciones los asquea.