Detalles obviados y momentos irrepetibles
Paseando por mi propia casa me puse a repar en los detalles, los que había visto toda la vida y en los que ya no reparaba y casi ignoraba aún sabiendo que estaban allí, por pensar que siempre lo estarían.
No somos conscientes, pero andamos sin mirar por nuestra casa, sobre todo cuando es una casa un piso pequeño como el que tenemos la mayoría.
Pasamos por cualquier sitio estrecho, esquivando los obstáculos de memoria, de forma casi tan espontánea y natural como aquella en la que respiramos.

Adoro estudiar el rostro de las personas, sobre todos las conocidas. Incluso alguien como tu madre y tu padre, tu abuela o un primo. Son todos peculiares y distintos; los habrá parecidos, pero nunca iguales. A pesar de todo, pasan desapercibidos por conocerlos de “toda la vida.”
Cuando somos pequeños, de algún modo recordamos los rasgos y detalles con menor precisión, pero al hacerse estos familiares, desdeñamos memorizarlos con la misma exactitud que las nuevas cosas que aprendemos.
Así pues, si se da el caso y nos preguntan el color de las cortinas de nuestra casa, no sabremos decir exactamente cuál es. Las imaginaremos,notaremos su tacto, su olor, una mancha que debería ser limpiada tiempo ha… Pero nunca ellas mismas.
Observemos eso que siempre miramos sin escudriñarlo y nos sorprenderá, y comprobremos cuál es la verdadera impresión que produce para alguien ajeno a ello.
Excrutemos el rostro de algún familiar, o un amigo de siempre, o alguien al que veamos asiduamente. ¿No tiene cientos de particularidades en los que nunca nos habíamos fijado?
Sin embargo, todo ello que parece eterno dejará de ser y pasará a la no existencia.
La retentiva nos engañará, lo idealizará, lo deformará…
Y lo realmente particular e inaudito, es que esa imagen única de esas personas y objetos será el mejor retrato y homenaje que podamos haberles hecho cuando aún estaban con nosotros.
Es hora de mirar de hito en hito todo cuanto nos rodea… Mañana será tarde.
No te pierdas cómo crece tu hijo, ni la cara de tu primera novia; que sin duda se tornará menos lozana y fresca algún día. No dejes escapar el momento en que la suave brisa mece su pelo ni dejes de escuchar el batir del agua de mar en las rocas…
Mañana ya no será igual. Para nadie más que para ti será de ese modo. Carpe diem.