La tipología del fracaso

Sobre mi mesa, unos cuantos folios apilados que rezan: “Tipología de las lenguas.”
Realmente es un tema fascinante, y me interesaría por él si justamente ahora mi mente estuviera por la labor.
En lugar de ello comienzo a cavilar una cuestión de distinta índole inspirada en la anterior y sin absolutamente ningún punto en común: La tipología del fracaso.

Es posible fracasar en cualquier campo, ámbito, oficio e indudablemente representará un escollo insalvable en la consecución de nuestras expectativas. Por normal general, desde el punto en que alguien se toma las molestias de intentar algo es por el interés interés que en mayor o menor medida manifiesta hacia algo.
No me malinterprenten, pues no quiero decir que todos los fracasos iguales y es precisamente ese el meollo de esta reflexión.

Hay fracasos súbitos, como una caída que no se espera y cuyo dolor se siente antes incluso de ser conscientes de la situación. Dejan un sabor a tierra en los labios y a menudo nos damnifican más a causa de su naturaleza repentina.

Por el contrario, hay otros que fraguamos día a día; unas veces en el absurdo pensamiento de que aunque estemos avocados a renunciar a lo que aspirábamos, acaecerá una especie de milagro y todo llegará a buen puerto.
Lo peor en esta situación, no es caer en las garras de un destino al que en el fondo sabíamos que nos enfrentaríamos tarde o temprano, sino vivir viendo que se acerca cada vez más un final infausto.

Una vez degustados ambos tipos de fracaso cual avezado enólogo, me dispongo a seguir con la clasificación lingüística.
Seguramente me volverán a asaltar ideas, empero en esa ocasión trataré de no plasmarlas en la presente bitácora.

2 respuestas para “La tipología del fracaso”

  1. Ella y su orgía:

    A mí el fracaso del día a día me resulta mucho más demoledor. A ver cuándo escapas de él.

    Abrazo desnudo.

  2. Mar:

    Lo malo es acomodarse en él, acostumbrarse.

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