Inventando palabrotas
Inventando palabrotas
Recuerdo que a temprana edad, fui testigo de la invención de una palabra por parte de los niños que iban al mismo colegio que yo.
Puesto que generalmente, los colegiales no están al día de las últimas novedades en la ciencia, se trataba de una de esas palabras insultantes y que tanto nos daban nuestros padres la tabarra con no decir: Camai.
Un camai, venía a ser la combinación de todas las palabrotas conocidas. Las cuales no eran pocas ni eufemísticas, a pesar de nuestra corta edad. Imagínense: Hijo de puta, cabrón, maricón, gilipollas, mamonazo, etc.
Por consiguiente, no era extraño ver a los chicos interpelarse por ese nombre mientras jugaban al fútbol, las canicas, etc.
En cambio, cuando se peleaban en serio -esto es, a hostias-; utilizaban los viejos insultos de toda la vida (en parte porque es lo que te sale en ese momento y también porque tienen mucha más carga semántica que han adquirido a lo largo de su luenga existencia.).
Y es que no es nada fácil dar a luz a un vocablo nuevo. Quizá por este motivo, me ha hecho mucha gracia ver que en La Colmena, aparece un supuesto inventor de palabras que regala a otro señor, la palabra bizcotur y da de ella la siguiente definición:
Bizcotur: dícese del que sobre ser bisojo y mal encarado, mira con aviesa intención. Puede también usarse como sustantivo.
En cualquier caso, sí que ha habido personajes, que, a lo largo de la historia han conseguido aumentar el léxico de una lengua.
Muchos de ellos fueron escritores, famosos y un largo etcétera; mas sin duda, al que yo más admiro es a Cicerón.
Ya en su tiempo, consiguió añadir al latín -el idioma de los antiguos agricultores del Lacio-, un vasto número de términos que permitieron a los romanos escribir y filosofar de lo mismo que los griegos; adaptando los términos a su idioma en lugar de copiarlos tal cual.
Por ejemplo, la palabra ousía fue traducida por essentia. Gran acierto, ya que recogen ambas el mismo espíritu, la misma intencionalidad y significado: aquello que es; es decir, aquello que tiene cualidad de existir de una forma determinada y con determinados atributos que hacen que sea eso y no un ente distinto.
El problema por el cual hoy padecemos tantos extranjerismos -sobre todo anglicismos-, es precisamente que tal vez sea de menester agenciarnos un nuevo Cicerón.
Qué civilizados los “camais”.
Besos orgiásticos.