Cojones

Me preguntó por qué no me peinaba y aparte hizo varias observaciones: -Ese cinturón no combina bien con los zapatos que te has puesto, y la camiseta se mata con los vaqueros.-
-Pues… La verdad es que me da igual.- Respondí.

Luego, seguimos ambos caminos opuestos hasta que por azar, me lo volví a encontrar con un ligue suyo, en un callejón oscuro. Ambos estaban ante un individuo de raza negra que blandía una navaja. No me hizo falta ningún cartel luminoso ni una explicación académica para darme cuenta de que los estaban atracando.
Decidí ayudarlos, así que grité: -¡Eh, tú, negro! ¿Qué coño haces?- Pero lejos de atemorizarse, éste me miró desafiante. Me acerqué
y saqué el cuchillo que casualmente acababa de adquirir para completar el mezquino menaje de la cocina.

La perspectiva de una pelea en igualdad de condiciones o tal vez la de que éramos tres personas y él sólo uno, ahuyentó al atracador, que terminó por salir corriendo ante el alivio de los tres.

Me aproximé hacia la parejita, e interpelé a mi amigo:
-Es normal, tío; no te preocupes. Tú tienes muchas cosas en las que pensar: La ropa a juego, el maquillaje, las cremas para la cara, cortarse el pelo todos los meses, usar un gel exfoliante durante la ducha, el desodorante, el talco para los pies, la pasta blanqueadora de dientes, la colonia, el cinturón de Calvin Klein, la ropa interior de marca… Es natural que se te hayan olvidado los cojones en casa.

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