El libro de poemas más hermoso del mundo
Una vez existió un hermoso libro de poemas. Tanto, que los demás pasaron a considerarse secundarios; tanto, que todo el mundo recordaba, cantaba y citaba cada palabra en él escrita.
De autor anónimo, llevaba por todo título el nombre de una mujer desconocida.
Hubo asociaciones de fanáticos que anunciaron oficialmente que darían una fuerte recompensa a aquella mujer si aparecía.
Y es que estando en el libro tan bien dibujada y descrita; no cabía ninguna duda de que el público la reconocería.
Surgieron como setas miles de impostoras que quedaban descartadas del primer vistazo. Impostoras que por su intento de fraude eran condenadas a la lapidación o a la horca.
Y la mujer cuyo nombre portaba aquella obra, sin embargo, no se dejaba ver.
La recompensa siguió así pues engrosándose hasta tal extremo, que hizo acto de presencia una nueva oleada de suicidas codiciosas.
Pasaron los años y el gobierno prohibió el libro. Se destruyeron todos los ejemplares. El motivo fue que no quedaban más que dos mujeres gemelas idénticas; y de otro modo, sólo se hubiera salvado una, contando nuestra especie con la mitad de posibilidades de supervivencia.
Pero la gente, que todavía recordaba algunas páginas, decidió que bastaría con que sendos hombres las poseyeran y así se discerniría cuál era la auténtica diosa del amor. Después, contemplándola, alguien podría escribir de nuevo el mismo libro.
La primera de ellas, mató de un orgasmo ciclópeo al que tuvo la suerte de yacer a su lado. La segunda, hizo el amor a un hombre que pudo vivir para contarlo.
Para que algo de belleza prevaleciera en un mundo donde ya casi no existían mujeres, acordaron que mejor que dos, era más romántico conservar sólo a la inspiradora del libro de poemas más hermoso del mundo. Asesinaron a la otra cuyo único amante no había sucumbido, quemándola en una enorme pira situada en el centro de la Plaza Mayor.
¡Se equivocaron! ¡Lamentable error! Pues al quemarla, observaron cómo se arrojaba junto a ella un hombre que no concebía seguir viviendo en su ausencia.
Cuentan los más viejos, que antes de morir, la diosa del amor pronunció con su último aliento… -¿Por qué me odiás? Me llamo… -Mas su vida se extinguió antes de acabar de pronunciar su nombre y a partir de ese día y por más tiempo que se ha dedicado al asunto, nadie ha conseguido recordar el título del libro de poemas más hermoso del mundo.
22 Febrero, 2008 a las 12:08 pm
me pareció interesante
6 Septiembre, 2008 a las 9:06 pm
yo solo queria poesias como
cuando estoy en las matematicas te comparo con la divicion te saco la raiz cuadrada y te divido en mi corazon
18 Septiembre, 2008 a las 12:25 am
quiero poemas y no pendejadas