Inútil
Una taza de café rota, el queso adherido al fondo de un recipiente de fondue, el cubo de la basura sin bolsa, un cenicero atestado de colillas, un vaso hecho añicos, un disco de vinilo rallado, una maleta con la cremallera estropeada, unos pantalones vaqueros manchados de pintura negra, una fiambrera resquebrajada que ya no contiene sopa, un armario sin perchas, decenas de bolígrafos cuya tinta se agotó, una pluma con el plumín torcido; un tendedero, una garganta y una guitarra sin cuerdas, un ordenador sin pantalla, un cantante mudo, un espía sordo, un perro lazarillo ciego, una máquina de escribir a la que le faltan varias teclas, una boca sin lengua ni dientes, unas manos sin uñas ni dedos, un corazón que se pone en huelga todos los meses en busca de mejoras salariales, una botella de vino tan vacía como bien cerrada con el corcho, un cerdo anoréxico que cuida su línea, un semental castrado, un teatro sin butacas ni gallinero, un cuchillo romo, un coche sin abertura para la gasolina, un horno eléctrico sin resistencias caloríficas, una silla con sólo dos patas, un sillón sin respaldo, una mesa desprovista de tablero, un refugio nuclear destechado, un reloj de cuerda con las manecillas rotas, un soldado de plomo sin escopeta, un rastafari que no fuma, un libro con todas las páginas en blanco, una gallina que no pone huevos, un muerto que pasó toda su vida durmiendo.
Y todo adorablemente completo, íntegro, acabado; pues ella no le falta.