Amantes perfectos
Amantes perfectos
Una vez que los amantes ya se tienen el uno al otro, ya no pueden seguir amándose a menos se piensen mutuamente. Por otro lado, tampoco pueden pensar uno en el otro cuando sus sentidos se hallan hastiados de la voz, del perfume, de la forma de ser del otro…
Se verán una vez al mes, en un sitio convenido y con una excusa más que creíble. Lo harán por siempre, el día cuatro de cada mes. Doce veces al año entre las cuales se soñarán mutuamente. Doce noches de lujuria, de pasión, de comer fuera, de pasear agarrados…
Al final nada pudo seguir como era. Decidieron unirse. Se echaban demasiado de menos. Tardaron doce días en darse cuenta que no podían vivir el uno con el otro.
Mirándolo de otro modo, peor fue lo que le pasó a Marlon Brando en Last Tango in Paris.
- ¡Oh! Yo soy caperucita roja y tú el lobo feroz.
- Uh… que brazos tan fuertes tienes.
- Son para estrujarte mejor pequeña mía.
- Que uñas tan largas tienes.
- Son para arañarte mejor el culo.
- Uh… que cantidad de vello tienes.
- Es para que tus ladillas puedan esconderse mejor.
- Uuuh… que lengua tan larga tienes.
- Es para metértela mejor, querida mía.
- Y esto ¿para qué es?
- Esto es para tu felicidad y mi… ¡mi falocidad!
- ¿Falocidad?
- Falo, pene…
Me encanta
Ese diálogo es buenísimo, jeje
Me alegra
, a mi también me marcó cuando vi por primera vez esa película.
Un saludo,
La informática “sin éxito” (aún)