Aquél chico despistado

Lo tomé de la mano mientras observaba las atracciones de la feria.
Llevaba una ficha en la mano para montar en los coches de choque y yo quería poseerla ya en mi las mías. No dejaba de tirar de ella, y de decirle: “Pero dámela ya… ¡¡Dámela!!.”
Él la aferraba cada vez más fuertemente sin decir palabra y no cedía a mi propósito.

Lo miré a la cara… No, no era mi padre. Él estaba un metro más allá.
Me había vuelto a equivocar y a intentar quitarle la ficha a un extraño de la mano obnubilado por la visión de un columpio de la feria.
Por suerte, respiramos de manera involuntaria y sin pretenderlo; siendo de otra manera, no estaría hoy escribiendo esto por un despiste.

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