El mendigo que impartía clases de historia
No hay parejas arrullándose en los bancos, ni niños corriendo con una pelota, ni chicas de mallas ajustadas trotando preocupadas por su línea. El parque que hay junto al supermercado Mas, enfrente de la estación de trenes de Granada; ha sido oficialmente tomado por los mendigos.
Hasta tal punto es así, que sólo se pueden contemplar octogenarios reposando en un banco cuando sus legítimos propietarios lo abandonan; y lo hacen hasta que los ven volver a llegar con sus litronas y andrajos.
Todos pasan sin reparar en ellos. No sé si es que no piden limosna, aunque a mí desde luego no me la han pedido; -cosa que no es de extrañar, si tenemos en cuenta que debido a mi figura hace unos meses ni siquiera me demandaron mi caridad los pedigüeños de la Cruz Roja.-
Hoy oí -casi sin yo quererlo-, que mantenían lo que se me antojó una conversación inusitada. Un cuarentón de barba desaliñada poseedor de un abrigo que dejaba entrever el forro, era el centro de atención de tres pares de ojos insertados en sus respectivas tres atezadas caras. Lo que en principio pensé que era una arenga, resultó ser una clase magistral sobre la guerra de las Malvinas, en la cual lucharon argentinos contra británicos.
Tal era la pasión que ponía en sus disertaciones, que no pude menos que pararme a escucharlo. Era admirable su don de palabra, su forma de captar la atención de todos y de razonarles sobre un tema que en principio no debieran considerar de interés.
¿Por qué un hombre así se pernoctará todas las noches y se habrá convertido en alcohólico? ¿Por qué razón no está impartiendo clase a un montón de alumnos que padecen la apatía de un profesor al que le importa un ardite el temario de la asignatura?
Pobre mendigo… No tuvo la suerte de ser primo de nadie, de que le tendieran un cable o un enchufe. Tal vez su padre se diera al juego, quizá no contara con los medios para estudiar en la universidad o mil posibles causas diversas.
Pero eso sí; sobre todo, pobres alumnos.
4 Marzo, 2006 a las 8:35 pm
Una vez tuve la ocasión de cruzarme con un mendigo como el que describes. Él decía ser profesor de filosofía, y por su manera de hablar y discurrir lo parecía. Le preguntamos por qué había dejado una vida placentera y de confort por la calle y el respondió que en la calle había encontrado la libertad y la felicidad que no encontró en una sociedad alineada por el dinero, la avaricia y el odio. Quizás llevaba razón pero me dió la impresión que cambió la alineación del dinero por la alineación del alcohol.
Es una pena que gente que entregan todo por unos ideales y principios acaben arrinconados como escoria o desecho de la maquinaria social en la que estamos inmersos. Posiblemente ese sea el precio por la libertad.
5 Marzo, 2006 a las 12:34 am
Pues sí, la verdad es que hay mucha gente en la calle que no se merece estarlo. Pero así de injusto es el mundo!!.
La vida en la calle es dura y una mierda, pero desde mi punto de vista más dura y más mierda es la sociedad en la que vivimos.
Y tienes mucha razón al decir que en esta vida sólo valen los enchufes (sino que se lo pregunten a Mari Carmen de Lengua II), y eso es triste, y más teniendo en cuenta que estudiamos con la ilusión de poder algún día ejercer; pero realmente:
- ¿Será eso posible?.
Me cuesta mucho creer que sí.
Así que nose si será mejor vivir en la calle o en una sociedad llena de hipócritas y enchufados.
5 Marzo, 2006 a las 9:59 am
Somos responsables de muchas de nuestras decisiones. El enchufismo no convierte a nadie en mendigo, las circunstancias son más complejas para llegar a la mendicidad. Pero en todo caso la pregunta sobre las causas y circunstancias de la mendicidad surge en el momento en el que muchas de estas personas se niegan a abandonar ese Estado. No siempre el infierno son los otros.
7 Marzo, 2006 a las 9:44 am
Eso es lo que se piensan muchos, que quienes están en la calle son unos analfabetos y unos borrachos. Más de un sabio (e incluso más de un millonario) ha acabado en ella.
Besitos orgiásticos.
PD: Cada día estás más guapo.
7 Marzo, 2006 a las 11:15 am
Uhmm… Ella, muchas gracias, pero… ¿Por qué lo dices?
8 Marzo, 2006 a las 2:42 am
Vaya pues si que hace que no paso por aquí, como ha cambiado esto.
No soy una persona cotilla, todo el famoseo de la tele me la trae al pairo, pero siempre siento curiosidad al ver a un mendigo. Me encantaría saber que ha pasado en su vida para acabar en esa situación. Puede que sea tan simple como parase a hablar con uno de ellos, pero nunca lo he hecho. Lo apunto en la lista de tareas pendientes.