A tu imagen y semejanza
Si fuera el dueño de la genética, de la física, de la química, del destino y del tiempo; controlara los factores que te conforman y aquellos otros que me deforman, todo sería distinto.
Tú seguirías siendo exactamente igual, mas mi barbilla, te quedaría justamente a la altura de tu frente; mi oficio sería el de eminente escritor, cantautor, barrendero, astronauta, ¿cuál eliges?; mis manos poseerían el tamaño de tus senos y tu textura favorita; los ojos se me tintarían de tu color preferido, la voz me adquiriría el preciso tono y acento que más agradaran a tu oído; el rostro sería el fiel retrato de la persona que amaste o de cualquier otro personaje, que se vería desvalijado de él para quedarse con el mío; iría siempre perfumado con un aroma que te hiciera desear acercarte; te sabría contar historias tan buenas y darte tanto placer, que te desesperaría la idea de pasar una noche sin que te acompañara.
Nada me importarían el pasado, ni el presente, ni el futuro. Olvidaría los viejos recuerdos sustituyéndolos por unos nuevos que comprendieran historias, reflexiones y observaciones que escucharías encantada.
Y es que yo, nunca quise ser nada, ni lo soy, ni llegaré jamás a serlo. La vida en toda su extensión y complejidad, no me hace experimentar nada más que indiferencia. Lo único que ha cambiado es que ahora, te quiero a ti y sólo a ti.
29 Marzo, 2008 a las 4:14 pm
Precioso