Perico y Scottex - Capítulo III

Escapismo

Cierto día, Perico reflexionaba sobre sus fugaces y frecuentes escarceos amorosos. Los que más le gustaban, eran aquellos que acababan en la casa de alguna chica extraña que tenía que abandonar a toda prisa, antes de que se despertara.
Le encantaba irse así, sin avisar; dejando una cama llena de sudor y de otros líquidos peores. Y ya no quería volver a aquél lugar. Jamás sabría cómo hacerlo.

De repente, le dio por preguntarse quién era y por qué hacía lo que hacía. Se topaba cada día con varios cientos de personas en su vagar por la ciudad y a veces despertaban su curiosidad. Ahora en cambio, su cerebro se estaba cociendo en una salsa cuyo principal ingrediente era la más metafísica duda existencial.

Era innegable que gozaba de una vida tan insalubre, como carente de complicaciones. El consumo sistemático y continuo de drogas, tenía ambos efectos.

Ahora comenzaba a sudar. Tal vez porque el síndrome de abstinencia estaba a punto de hacer su aparición o quizá por esa inusitava actividad pseudofilosófica que le resultaba mucho más inquietante que la mayoría de las vicisitudes por las que se preocupan los mortales: La educación de los hijos, el pago de la hipoteca, ascender en el trabajo…

Sus divagaciones cejaron en el instante en que se plantó delante del portal de Marichu. Llamó al portero y le abrieron sin tan siquiera requerir su nombre. ¿Qué había hecho al viejo Perico, dejar de huir de casas de universitarias cuasi desconocidas para tocar al portal de una drogadicta de confianza y cuya piel conocía de memoria, con todos sus pliegues, lunares, marcas y cicatrices?

El éxito. ¿Qué si no? O la carencia de éste, más bien. El éxito de un hombre sólo puede ser medido en atención a las féminas que se lleve al catre. Cualquier otro parámetro sólo serviría para consolar a los fracasados. Y Perico se consideraba a sí mismo un drogadicto, pendenciero, desharrapado, saltimbanqui y muchas cosas más; pero nunca un fracasado.

Decidió que no pondría su pie sobre ninguna de las veintiuna escaleras que lo iban a llevar hacia una tarde prolija en estupefacientes y sexo desganado por parte de una mujerzuela cuyas ansias de empolvarse la nariz le impedían disfrutar del encuentro con un amante.

Una respuesta para “Perico y Scottex - Capítulo III”

  1. Airuna:

    Me gusta cómo le has pillado la talla al tal Perico. Perico: qué gracia de nombre. ¿Se apellida Farlopa? ji ji ji
    espero la cuarta
    A

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