La imperfección de lo perfecto
Aliño cada ensalada con tesón, y me la sirvo luego de manera descarada ante la atención de quienes me rodean.
Cuido mi cuerpo que es el único que tengo para que dure muchos años y me permita el bienestar mientras exista.
No fumo, que eso mata. Ellos se creerán muy chulos por dar unas caladas y pedirles fuego a las nenas;
pero yo no padeceré enfermedades cancerosas en ninguno de mis órganos y ocupareme en cosas más amenas..
Hago deporte, que siempre es bueno y viene bien. Cada día doy carreras, caminatas;
flexiono mi pelvis, mis piernas mis brazos. Trabajo de guardia amoroso y doy serenatas
a escondidas a las hijas de los generales que gobiernan esta península infectada.
Tampoco bebo, que además de ser malo para el hígado; engorda y el pulso acelera,
la mente altera, la conducta a instintos primarios subyuga y es motivo de muchas multas.
Soy un ciudadano modelo que lleva a sus hijos a un colegio público,
paga sus impuestos y contacta a menudo con sugerencias al ayuntamiento.
En la cuneta yazgo, puesto que llevome por delante un maldito conductor borracho que no respetaba el reglamento.
La culpa es suya; sin duda. Mas no puedo mi mal achacarle, porque fui yo el que vivió mi vida, y lo que ella quedaba,
de todas maneras y a ciencia cierta; diríase, no merecía la pena ni siquiera un hueco en el sórdido cajón del olvido.