Maldita ignorancia
No sé si las manecillas del reloj decidieron no marcar las horas, el aire no volvió a entrar mis pulmones y los latidos de mi corazón cejaron como el ruido de las aves nocturnas al rayar el alba.
Ignoro por qué los riachuelos dejaron de correr, quedando regueros secos de tierra resquebrajada; a los pequeños no les apetecía jugar en la calle y las flores rehusaron brotar a pesar de estar bien entrada la primavera.
Desconozco el motivo de que el primer beso de los adolescentes perdiera su magia, se emborronaran las letras de todos los libros y la música no sonara acompasada.
Mas si hay algo de verdad que me inquieta, es simplemente no tener ni idea de si todo ocurrió realmente, o sólo consistió en que tú ya no me quisieras.