Alucinaciones
La gran avenida difuminada con sus trazos a la fuga, deshecha, semiborrada, difusa.
Los viandantes dejan estelas al caminar largas como colas de zorra, encalvenciendo éstas hasta dejar un boceto que luego desaparece igualmente para dejar al vacío desnudo en una esquina casi invisible.
Los carteles no tienen letras, ni las personas cara. Los perros son todos del mismo color aunque posean nombres distintos. Miles de personas sin cara, se miran entre sí no sé a qué punto, a juzgar por la inclinación de las cabeza, como de una lata de refresco que se ha aplastado sólo por una parte del cilindro de aluminio.
En las monedas se distingue a duras penas el relieve, pero ninguna efigie grabada en ellas. Los billetes sólo suenan al moverlos pero no son más que papeles de un solo color totalmente homogéneo.
Oigo voces que me llaman y ni una sola mano que me indique la posición de la que llegan. Camino despacio, intentando sortear cualquier obstáculo de visibilidad discutible. El olor de una pastelería abierta con pasteles cuasi desvanecidos en su escaparate en manchas marrones, negras hy blancas, me saca de mi letargo. Entro a la pastelería y tomo uno. Pero se va de mis manos. Ignoro si se ha caído sin hacer ruido o alguien me lo ha quitado.
Tengo la nariz más liviana, y no entorno los ojos a la mínima fluorescencia. Ya véis: Hoy me he olvidado las gafas.