Mi portátil y yo

A veces se me ocurre pensar, que mi ordenador portátil no es un aparato tan complejo, sino un conjunto de dispositivos más simples, que juntos constituyen uno con gran multiplicidad de funciones.

Así por ejemplo, gracias a que incorpora cámara-güeb, podría ser un espejo. Puesto que lleva altavoces de los que se oye música, un transistor; como se muestran películas en su pantalla, un videocaset conectado a su correspondiente televisor. Tampoco es una tontería afirmar, que se ha convertidor en nuestro buzón, en la carta, en el papel y en el cartero, la comprobación compulsiva de la casilla de correo electrónico ha sustituido la espera de una carta; y que con los clientes de mensajería instánea, también quedan perfectamente sustituidos los telegramas, los faxes (ahora imágenes escaneadas).

Encima de mi mesa ya no hay calculadora, ni pósits, ni tan siquiera un almanaque: Sólo mi portátil.
Olvido comprar bolígrafos, lápices, gomas, sacapuntas… Todo lo escribo en mi portátil.

En mi estantería ya brillan por su ausencia diccionarios, enciclopedias y demás libros de consulta ahora dentro de un disco duro, reducidísimos a información binaria que se presenta de forma totalmente inteligible para una persona, a través de la misma pantalla donde se mostraban las películas.

Los mensajes de voz, la videoconferencia o la simple conferencia sin vídeo, han hecho desaparecer las llamadas telefónicas. Como resultado, mi móvil murió allá por el 2000 y nunca me he comprado otro.

En lugar de comprar el diario un domingo, simplemente abro las portadas virtuales de mis periódicos favoritos. Es cómodo, ecológico y gratuito. Sólo cambia un poco la postura con relación a tener un periódico en las manos.

Ya nunca voy al cine. Los estrenos se me descargan velozmente a través de la red, y cada vez con más calidad, disfruto de las últimas obras cinematográficas. Ha sustituido también al videoclub y al hombre que en él trabajaba y te recomendaba películas, por un enlace ed2k:// que consiste en una especie de resorte que hace que comience una descarga en un programa de pares.

No se venden más cintas de vídeo ni música en las gasolineras. Tampoco en los mercados, o si lo hacen ya nunca me fijo.

Dejé de contar con un flexo ni velas el día que enchufé una lámpara usb a uno de los puertos de mi portátil. Incluso le he enchufado un calentador de cafés y preparo en él mi desayuno cada mañana.

Por todo esto, prefiero pensar que mi ordenador portátil no es demasiado complejo. Tan sólo se trata de un conjunto de lápiz, papel, sobre, correo, buzón, cartero, cafetera, flexo, calculadora, teléfono móvil, videocaset, cámara fotográfica, espejo, cámara de vídeo, fax, enciclopedia, diccionario de español, diccionarios bilingües, libros de consulta, videoclub, encargado del videoclub, cinematógrafo; tijeras y barra de pegamento para hacer collages, portarretratos, cajón lleno de fotografías, estantería con cintas de vídeo, libros o periódicos viejos.
Y eso, para mí: Para algunos, es la regla, el cartabón y la escuadra de un arquitecto; el vademécum de un médico; la tabla periódica de un estudiante de química del primer año; el televisor para un jubilado; la pelota, la videoconsola y los amigos de un niño en la inocencia de su primera infancia; la paloma que lleva un mensaje hasta una ventana con sólo una luz tenue dentro de la que se vislumbra una silueta femenina, perfumada, angulosa, encantadora; ella sí que es compleja, contribuye a la belleza del mundo; ella, siempre digna de un estudio pormenorizado durante toda una vida; ella y no este maldito ordenador-portátil.

Una respuesta para “Mi portátil y yo”

  1. pirri:

    para mí es todo eso que escribes, y mucho más, pero espero que nunca sea la pelota de ningún niño.

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