Palabra de honor
Un vagabundo se pasea por la Calle de la Amargura, a las cinco de la madrugada desapercibido por todos y luciendo un enorme reloj de oro de la marca Rolex.
Caminaba por allí de casualidad y acercóseme, para pedirme limosna, supuse; mas sus intenciones eran otras. Me mostró el reloj, me hizo comprender cómo aquél instrumento era capaz de medir el tiempo y cómo el tiempo transcurre y generaciones enteras desaparecen para dar paso a las siguientes; cómo nosotros mismos morimos cada día para dar paso a nuevos yos individuales cambiados por hastiados de nosotros mismos o por hallar maneras más eficientes de existecia.
La cara nos cambia por segundos, de manera imperceptible a corto plazo. Mutamos en otros seres, cambiamos de parecer y de expectativas. ¿Habrá algo inamovible? ¿Cualquier cosa que no mude su piel y se revista con otra de un reptil de familia diferente? Quizá un par de cosas: El honor y la palabra.
La palabra de un hombre, que vale tanto como él mismo; un hombre que vale tanto como su palabra. Todo hombre, vale lo que su palabra vale. Hacer honor a la palabra, es tener honor; y no se puede tener honor sin palabra. Eso es de hecho, lo que me hace esperar por algo más tiempo.