Perico y Scottex - Capítulo V Perico habla

Capítulo V Perico habla

Voy a la casa de mis padres. Necesito que me subvencionen. Es chunguísimo no tener ni un euro y lo último me lo he gastado en bollos de pan. Tendré que retrasar la búsqueda de una mujer.
Necesito una de calidad, como yo siempre digo. Bien buena y que sea lista. Ahora que no me drogo, estoy volviendo a pensar y me apetece hacerlo con alguien inteligente.
Adriana… Adriana sí que era inteligente. Me sacaba conversaciones de literatura, tocaba el piano, fumaba opio en pipa. Tenía una casa llena de colores, con notas por las paredes, una poesía escatológica en el baño, carteles de la calle adheridos, a parte de a otros muchos lugares, a una superficie plana y vertical donde se veía un pósit amarillo que rezaba “MUR”.
La encontré en un momento de desesperación. A pesar de llevar tres años sin verme, se me acercó y me preguntó si tenía coca. Y esto ocurrió en un tiempo en que yo aún casi ni me metía.

Era la dama de mis pensamientos, así que al contemplar aquél rostro que a duras penas reconocía,
decidí hacer algo por ella. Era curioso como la droga hacía degenerar a las personas, hasta un extremo máximo. Aquella chiquilla en estado normal, habría sido reacia a pedir un favor.
Y con reacia, me refiero a que si estuviera atada a la vía de un tren y apunto de ser arrollada por éste, diría en voz baja, y casi inaudible: -Oye, si no te importa, sería fenomenal que me desataras. No te preocupes si no puedes o no te apetece. Tampoco creo que me vaya a pasar nada porque me arrolle un tren.-
Ahora en cambio su discurso había cambiado: -Oye, tío, estoy realmente fatal. Ya sé que no me porté bien contigo. No debí hacerte invitarme a cubatas durante toda la noche y luego follarme a un francés borracho que conocí en otra fiesta. No sé por qué lo hice, lo siento. Y perdona…. ¿Cómo te llamabas?-
Era tan conmovedor, que no me quedó más remedio que llevármela a mi casa. Un modesto apartamento en la banlieue parisiense, en mi aún más modesto coche Panda que aún no sé cómo he hecho la locura de traerme de erasmus.
-No sabía que te acordaras de mí, Adriana- dije. Y menos aún de lo de los cubatas. Lástima que para rematar, no te hayas acordado de mi nombre. Pero bueno, nunca he esperado demasiadas atenciones por tu parte.-
-¿De mi parte?

*
-POR tu parte. Observo que al menos estás aprendiendo francés, aunque sea en detrimento del español.-
Se cayó. Cuando escuchó eso se cayó. Ignoro si es que tenía el bajón del siglo o realmente mis palabras la consternaron de tal manera que la dejaron inconsciente. Abandoné mis pensamientos, al tomarla entre mis brazos antes de que tocara el suelo.
La farola estaba fundida. Con menos luz, sí que seguía siendo la misma. La misma loca romántica a ratos, y a ratos pornográfica. La recosté en mis brazos. Casi me gustó la sensación, y la hubiera disfrutado de no ser porque comenzó a sangrar por la nariz. Le taponé la herida con un pañuelo de papel, que es lo mejor que se me ocurrió en ese momento, pero haciéndola echar la cabeza hacia delante, para que no tragara sangre. Luego la cogí con sumo cuidado y la subí por ocho pisos y ciento cuarenta y cuatro escaleras con sus ocho rellanos. Me encantó hacer aquello. Sin embargo, me sentí tan exhausto que yo también creí desmayarme.
La acosté en mi cama. Mi cama, era el único lujo de mi piso, grande y espaciosa. Sin embargo, había intetado besar aquellos labios una vez. Una vez que, como ella acababa de recordarme, se acabó tirando a otro que, aunque ella no lo sabía, era mi mejor amigo y me había contado con pelos y señales toda la escena. Y en cierta medida no me gustaba que fuera tan fogosa, por así decirlo. Pero por otro, la plantaba ante mí como un oasis de sexualidad. Sexualidad, que en honor a los pocos valores que me inculcaron la novela titulada La historia del caballero Espercius, no consideraba requerir en aquella ocasión y puede que en ninguna otra, puesto que mi orgullo quedó tremendamente herido, al comprobar que se reían de a mí en aquella forma tan humillante.

Estuve con ella un mes. Dejé de ir a la facultad (a la que asistía regularmente, por aquél tiempo). La alimenté, la dejé usar mi baño, para que se le pasara un poco el mono, la invité a mis porros, que de eso sí que he fumado incluso cuando era un chaval sano y gallardo y no este engendro en que ahora me he convertido. Ahora reímos juntos, el uno con el otro. Ya no le parecía un payaso pretencioso que lo único que creía estar haciendo, era compartir una racha económica, y al que no le habría importado sacar un poco de partido amoroso por ello.
Era una chica muy educada. Aquél día iba tremendamente borracha, que pues por aquél entonces, era sólo alcohol lo que practicamente consumía (a excepción de un par de escarceos con la cocaína y las anfetaminas). No estaba totalmente destruída. Sabía hablar cinco idiomas. Tocaba tres instrumentos y llevaba un par de meses saliendo a destajo, durmiendo durante el día y viviendo París nocturno.
En unos días, paseamos por el arco del triunfo, fuimos al Moulin Rouge, me mostró un montón de sitios nada turísticos y preciosos, pero que, debido a tanto abusar de las drogas, no recuerdo.
Al final fue ella quien decidió follarme, o hacerme el amor tierna y delicadamente. Nunca sabré cuál de las dos cosas pretendía. Sólo me desabrochó el pantalón y yo salí de la habitación para entrar de nuevo antes de cerrar la puerta y aseverar lo más que pude: -No pienso acostarme contigo porque me estés agradecida.-
Joder. Despreciar a esa diosa. Qué tiempos más gloriosos. Años después, dejaría que una enganchada al crack me la chupara a cambio de una papela.

Y desde entonces no la volví a ver. Pero soñé con ella. Viví por ella. Escribí hasta poemas, y eso que siempre había dicho que los poetas adolecían de una sexualidad cuando menos, dudosa; pero ahora los entendía. Por supuesto, mi calidad literaria no era la más excelsa, por no decir que hasta yo me aburría leyendo lo que minutos antes había felizmente escrito. Lo verdaderamente primordial, es que me hacía buscarle un lado bonito a la vida.

Joder, ¡Ya no hay mujeres de calidad como Adriana! Algún día quizás vaya a buscarla. Se quedó un año más en París. Me telefoneó un par de veces, pero no tuve valor para descolgar, ni ella el interés o la insistencia, para llamar una tercera; en la que, lícito es reconocerlo, me moría por oír su voz simplemente, decirme cualquier cosa con o sin sentido.
He llegado a casa de mis padres. Basta de pensar en Adriana. Aún así, sólo recordarla me ha hecho olvidar que tengo que ver a mis padres. Conversar simplemente con ella por el msn** era mejor que cualquier otra sensación química inyectada, fumada o inhalada.

*Perico hace alusión al giro idiomático utilizado por Adriana, que usa un galicismo.
**Microsoft Network es un ISP, o Red de Microsoft, compañía americana, como proveedor de servicios de interred.*
*Internet. Espero que algún día este vocablo desaparezca de mi bien amada lengua.

Una respuesta para “Perico y Scottex - Capítulo V Perico habla”

  1. PPRIQUITO:

    NOTICION”EL MISOS TIENE 70 AÑOS” VER PERFIL PUBLICO DE MISOSOFOS EN MI@RROBA.COM
    PASARLO Y SACAR ONCLUSIONES

Deja un comentario