Curso de lingüística global

Es un dado enorme, sin números, con superficies miriamétricas de papel satinado en las que están grabadas con cincel todas las palabras de todas las lenguas del universo.
Los nexos se combinan con nombres y verbos como moléculas de ADN; los participios se engarzan con los infinitivos y a los gerundios, que continúan siendo gerundios.
Los determinantes anuncian, surgen nuevas formas de expresar el genitivo, aglutinaciones, derivaciones de palabras antiguas que se deforman a causa de la etimología popular. Los extranjerismos llegan, se adaptan (o no); a veces se considera más comercial utilizarlos crudos: Rock&Roll por rocanrol, capot por capó y Self-Service por… Autoservicio.
Los localismos de cada uno de los puntos en los que se realizan los diversos idiomas, recubren como purpurina las propias palabras. Una recámara, es un dormitorio para un mejicano. Aunque antes que para un mejicano, lo fue sin duda para un andaluz de los del siglo XV y XVI. Souper, significa cenar para los canadienses francoparlantes, pero dîner para los franceses.
Y al final unos idiomas mueren a favor de otras; los mayores se suman territorios rebosantes de hablantes, continentes enteros, en detrimento de los débiles y minoritarios.
Las formas de concebir el mundo se reducen significativamente y la riqueza mental que aportaban también. Ahora sólo se habla un idioma con mil variantes y todo su extenso vocabulario está recogido en un tesoro lexicográfico. El dado con sus ocho caras ha dejado de existir: Una sola de ellas recoge todos los vocablos de la nueva lengua unitaria. Poco a poco caen unos que quedan sustituidos por otros que se hacen más grandes.
El nuevo código de comunicación no requiere más que dos mil entradas en un diccionario, cada una de las cuales consta de tantas acepciones que parecen infinitas, y que también irán cayendo, como la cal vieja se raspa con una espátula, antes de pintar de nuevo.
La mercadotecnia ha sustituido a la literatura; la sucesión de poco más que un par de decenas de fonemas, reemplaza a la amalgama que en su día formó la letra de las canciones más bellas.
En el gran cristal transparente de una escuela de idiomas, se lee: Anyone avent still learned Neoglobish?
En algo que recuerda a un inglés rudimentario de un niño de primaria que lo estudiaba en una antigua escuela de la desaparecida España.
Nadie acude a la academia. Ni tan siquiera quedan renuentes que sigan hablando dialectos diferentes.

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