Perico y Scottex - Capítulo VI La magdalena

Sentado a la mesa, con ropa obsoleta de hace seis años, un gran tazón de leche con cereales. De esos azucarados, de los anunciados en televisión.
La casa de sus padres, era mucho más cómoda que la suya propia y además, tenía comida, agua caliente, electricidad, teléfono y hasta acceso a la red, a través de un ordenador de sobremesa último modelo.
Le quitó el el envoltorio de la magdalena. Su casa estaba llena de recuerdos. La espada que había en la pared, le recordó cómo una vez, correteaba a su prima, desenvainándola. Al final, resultó que no la ensartó precisamente con la espada, y su padre se enteró al oírlos en su habitación, con sus risitas. Cuando lo vio de nuevo, le dio una fuerte bofetada en la mejilla derecha. Dijo: -Esto por lo de la espada.-
El sexo siempre fue tabú en casa de Perico. Tal vez por eso antes de engancharse a la droga, había sido pervertido, depravado y semental incansable.

Acostumbrado a no guardar ningún tipo de protocolo en la mesa, a causa de sus últimos años en libertad de la cómoda casa de sus padres; comenzó a comerse las migajas que estaban esparcidas por toda la mesa. Y entre migaja y migaja, escuchaba a sus padres discutir en la cocina. La causa era él, sin duda alguna. Hacía mucho que no aparecía por allí, y las medidas de seguridad como esconder el dinero y las joyas, no se habían tomado en consideración antes de su inesperada llegada.
Olvidó todo un poco aquello y su mente se ocupó de Adriana. -Adriana… ¿Dónde estará Adriana ahora? ¿Qué hará? Necesito marihuana. Necesito pasta para comprarla.-

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