Debo tener cara de rico

Debo tener cara de rico

Debo tener cara de rico a juzgar por la cantidad de desconocidos que se me acercan a pedirme dinero.
Recuerdo que hace unos años, me pedían esos que le piden a todo el mundo: Drogadictos, desfavorecidos de la vida, tullidos y claro está, los peores… Los amigos.

Pero últimamente se me acerca gente que no pide para comer, sino simplemente para una cerveza. No tienen pinta de mendigos, y te confiesan que el verdadero destino del dinero que les des, será comprarse una cerveza, sacar un paquete de tabaco de la mano, etc.
La primera vez, fue por una calle oscura. Una chica que no conocía de nada, se me acercó y me interpeló: Hola, ¿me das un euro?
Me quedé tan atónito, que rebusqué en mi bolsillo; y por suerte no tenía ni uno ni medio, ya que luego me habría arrepentido de haber perdido el dinero, (que dicho sea de paso, no me sobra), de una forma tan estúpida.
Otro día, caminaba junto a dos amigas por la calle Gran Capitán, y también nos cortó el paso un pedigüeño, farfullando la consabida fórmula:
¿Me dáis un euro para una cervecilla?
Casualmente tampoco estaba muy desahogado económicamente por aquél tiempo, y si no me había tomado la cerveza yo mismo, (que ciertamente me apetecía), había sido porque me quedaban cinco ?uros y tenía que pagar el autobús para volver a echarle un vistazo a mis padres, así que tampoco se lo di…
Aunque claro, uno no es tan tacaño como parece. De hecho recuerdo una vez que sí que di que pagué religiosamente.
Fue en un concierto de Boikot y Reincidentes en la Zubia… (De esto hace ya creo que poco más de un año).
Cuando estaba todo casi terminado, una chica de pechos generosos se apretó contra mí y me susurró con voz melosa al oído: ¿Me das un par de euros pa' una copilla?”
Y yo, que me encontraba en un momento sentimental delicado, al encontrarme ante tal bellezón de talla de sujetador 105 (así a ojo), mientras tomaba velozmente mano a mi cartera,(me habrían nombrado el más rápido del oeste), repliqué:
¿Y si te invito a dos copillas, qué me haces?
Es una de las pocas veces en mi vida que le he echado cara al asunto… Y he de decir que no me arrepiento.
Aquella noche mis gafas fueron pisoteadas en el concierto, pero volví a casa con una sonrisa en los labios.

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