Perico y Scottex - Capítulo XXIII Sheila

Sheila paseaba sus dieciséis años, por la playa de Fuengirola, este último verano.
Con la minifalda, sus ojos claros y el cabello tan largo, parecía toda una mujer.
Bajo su aspecto de niña bien, con mejillas sonrosadas y tiernas carnes, subyacía una voracidad sexual ilimitada. También le gustaba experimentar en los demás campos: Experimentaba con los emparedados, que hacía combinando los ingredientes más diversos; mantequilla de cacahuete y nueces, mortadela y leche condensada; con su cuerpo, masturbándose con objetos de su vida cotidiana, con la almohada, con un grueso rotulador permanente, a través de su cámara web; consumiendo estupefacientes, porros, cocaína, speed. Lo que hoy por hoy, no deja de ser una adolescente perfectamente normal.

-¿Por qué no vienes y te invitamos a algo de compañía, guapa?- Murmuró ciempiés, que se había tomado unas vacaciones aquél verano con sus dos compinches.
Sheila se acercó a la mesa del bar, mordiendo la patilla de sus cafas de sol. Sus labios eran pálidos y gruesos; suaves y húmedos. Por supuesto ninguno de los tres juveniles camellos, estaba acostumbrado a que una chica aceptara tales invitaciones. Lo hacían sólo por fardar ante los otros dos, sobre el modo tan rudo en que trataban a las mujeres y cómo éstas los deseaban por ello, aunque al principio se asustaran. Una concucta extraña, a la par que difundida; semejante es la naturaleza humana.
-Hola, qué tal, ¿cómo os llamáis?- Preguntó con su vocecita elegantemente engolada.
Se presentaron, hablaron un rato, se fueron al apartamento que tenían alquilado, (el de los tres, claro); se drogaron, follaron y tres eyaculadores precoces vivieron la circunstancia especial de follar con una chica sexi, a la que le gusta el sexo deshinibido y que no había conocido al prejuicio en ningún recoveco de la vida hasta ese momento.

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