Perico y Scottex - Capítulo XXV Confesiones de un etarra

Hoy el mundo me está chupando la polla sin importarle que me corra en su boca; con energía y ganas, como si estuviera diseñado para complacerme.
Ya he desechado aquello que no me gustaba y que no podía cambiar. Lo ignoro y no lo tengo en cuenta como una fuente de desdicha no necesitada.
La droga, la presión y el quejarse apáticamente, es para los cobardes.
No necesito nada ni nadie; ningún bien material, ninguna sustancia.
No necesito ningún sentimiento; ninguna aspiración ni tampoco esperanza.
Sólo coraje, valor y fuerza en las manos para asir firmemente lo que deseo en mi simplicidad de cliente asiduo del bar de la vida. Ningún problema: Tengo barra libre. Lo quiero, lo tengo.
El universo intelectual no me apasiona. Siempre llevo un condón en la cartera y nunca es el mismo.

La vida es una buena puta que me está acabando la felación; una buena puta que no teme atragantarse y sabe que con su boca llena de semen, ya no me apetece besarla.
Me cobro con creces los años que perdí por tu culpa, ¡mala puta tudesca!

Sigue succionándome el jugo, para que yo haga lo propio y le extraiga todo el suyo; ¡ah la vida! ¡perra vida!

El Casanova de Felación o de Fellini, acaba de entrar en pantalla, salir a escena; abandonar las bambalinas, hacer su aparición estelar rimbomante entre focos redobles de tambor y trompetas; para presumir de traje, palpar más de un trasero a la vez y eyacular, como ahora.

Deja un comentario