Perico y Scottex - Capítulo XX Una página del diario de Perico
Qué fácil resulta quejarse, sentarse sobre la cama y decir: “Mi vida es una mierda.”
También es pan comido, echarle la culpa a otro, a un lugar o a un tiempo.
En la suma pereza, hay quien se queja, sin hacer nada para cambiar lo que le molesta de su realidad.
Como llegar gritando, ¡hola, me llamo Perico de los Palotes, soy un desgraciado, y no tengo la culpa de ninguna de las circunstancias que me amargan!
Pero la culpa, en el noventa y nueve por ciento de las ocasiones -me apunto a la moda de inventarse estadísticas-, la tiene uno mismo. Sí: En cuanto no se muda, no conoce a personas nuevas, abandona su aspecto físico, deja de leer, pasa los veranos entre cuatro paredes y no cambia de trabajo ni de aficiones.
El infierno son los otros, sólo si les permitimos que sean dueños de nuestra vida. Desde la moral autónoma, la inteligencia y la perseverancia; controlamos gran número de las variables que nos controlan.
Podemos manipular a los demás, cambiar de trabajo; mudarnos de casa si es que somos mayores de edad; hallar todo lo que deseemos. El ser humano es la maravilla más grande jamás engendrada aleatoriamente.
Tan sólo falta el valor y el coraje para obtener lo que uno se propone.
Si bien; quejare, lamentarse, derrumbarse, decaer, deprimirse, evadirse con la droga, suicidarse, inmolarse, tumbarse y tan sólo reconcomerse a uno mismo la moral es tan sencillo… Y nosotros… Nosotros somos tan vagos…
No sé por qué no tenemos la misma fuerza que las palabras o las ideas bien expresadas, argumentadas y constatadas.
9 Julio, 2008 a las 1:04 am
no veas Perico cómo le da al coco!