Vosotros
Es una desgracia que todo lo mancha, lo tiñe y lo enturbia; y no sale con lejía, ni con amoníaco; así nos quedemos sin uñas de tranto frotar. Un malestar que no tiene sentido pasarlo por un tamiz o un colador, pues ni una sola gota de otra cosa distinta se decantaría.
Se sientan, se levantan; se ríen, con gesto bobalicón, valiéndose de mil visajes y aspavientos, comunícanse entre sí para no decir nada.
El cielo está rojo, muy muy rojo. Tanto como la sangre, o exactamente igual. No hay tormentas, ni brisas; las hojas se aburren y caen porque no pueden mecerse por sí mismas. ¡Dejadme ver el armario, que no sé qué traje de luto ponerme para plañir por vuestras mentes entumecidas!
¿Qué desierto es este? ¿Por qué me busca siempre quien jamás he llamado?
La piel se despelleja y cae muerta, pero debajo surge otra piel también muerta que deja a la muda sin sentido.
-Hola.
-¿Por qué me saludas?
-¿Qué tal todo?
-Vete a la mierda.
-Luego te llamo.
-Olvídame.
-Feliz verano.
-Grítamelo desde el Everest, con voz queda; no vaya a ser que te oiga.
La despensa está vacía y las sábanas recién cambiadas. Ni hambre ni sueño; vicios que aquejan a los mortales.
No os quiero ver, ni oír; no quiero compañía ni gratitud; no quiero chistes ni lisonjas; no quiero caricias ni abrazos; ni estrechamientos de mano, ni absurdos juegos que saquen de mí una mueca falsa, que haga las veces de sonrisa. Si tuviérais dos dedos de frente, os haría vomitar, verme reír a vuestro lado.
Os desprecio tanto, que ya os habría matado hace tiempo si la animadversión cortara como una cuchilla o punzara como un estilete.
Ni se os pase por la mente que deseo algo vuestro.
4 Julio, 2008 a las 9:05 am
¡Amén!