Diez por cuatro = gran departamento parisino

Diez por cuatro = gran departamento parisino

Habiendo vivido las consecuencias cotidianas de los alquileres en Francia, que confinan a las personas a vivir en espacios diminutos, para la percepción del espacio latinoamericano, no puedo evitar pensar el la cuestión de la calidad de vida.

Este concepto, en la mentalidad latinoamerica situado, genralmente, en algún lugar lejano donde la basura es recogida todos los días, donde los autobuses tienen paradas bien establecidas y donde los policías no son sobornables (al menos para la esfera de la clase media). Es decir, al norte del continente, o bien, del otro lado del atlántico.

Sin embargo, que no se mitifique el orden cívico del llamado primer mundo – por cierto, y el segundo mundo ¿dónde está?-, todo es cuestión de legalidad y de la reducción de la vivencia del libre albedrío, en pro del bienestar común.

Un ejemplo: no todos los automobilistas piensan en términos de respeto por convicción, sino por miedo al castigo. En la praxis, estos límites se traducen en que, si un automovilista no excede los ciento treinta kilómetros por hora en una autopista, el temor a la multa que debería pagar, si excediese el límite, lo hace suavizar el pie sobre el acelerador. Por otra parte, sabe que si un policía lo detiene, no podrá ofrecer dinero para evitar el castigo. En estas condiciones, el conductor se verá obligado a recibir la multa correspondiente. Bajo circunstancias sociales, el miedo al castigo será reforzado por la prueba de la veracidad de la ley y dominará los espiritus más rebeldes.

Todo es, como se puede ver con el ejemplo, cuestión de límites. Ahora bien, en términos monetarios los brillantes euros, techo financiero del mundo actual, se ven duramente diezmados por la gran cantidad de impuestos que mantienen el sueño del orden y los paseos dominicales sin temor alguno. Con esto trato de decir que las carreteras en buenas condiciones, los parques podados que deslumbran a los turistas y los autobuses que anuncian, con una grabación, la estación por la cual se está pasando, dependen de los contribuyentes, lo cual disminuye de manera importante los sueldos de la moneda del viejo continente.

Esto quiere decir que ganar euros no significa forzosamente vivir mejor. Ya que pagar ocho euros por kilo de carne, dos más por un kilo de patatas, sesenta por el transporte mensual, sumados al final de mes, hacen difícil aprovechar los beneficios supuestos a la mítica Europa.

Retomando, en la misma línea, el tema de la relación con el espacio de habitación, los euros de la enorme clase media francesa, se revelan insuficientes. Hagamos cuentas. El salario mínimo francés, que es el sueldo mayoritario, es de 980 euros netos. Que cada quien haga la conversión correspondiente.

Sé que para muchos bolsillos latinoamericanos este sueldo podrá parecer exorbitante. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que un alquiler parisino, por tomar el ejemplo geográfico extremo, gira alrededor de un mínimo de 400 euros. Siendo esta cantidad variable en función de la superficie. Por ejemplo, un apartamento de cuarenta metros cuadrados en el cual se incluyen una habitación, una sala de baño con retrete y una sala, podría costar al menos setecientos euros. Para una pareja, es el espacio mínimo habitable para no caer en la locura, y para que, en caso de pelea, alguno puedo ir a la pieza contigua.

Si ambos son afortunados, ganarán al menos el salario mínimo, lo cual representará, aproximadamente, treinta y cinco por ciento de su salario mensual. Ahora bien, si la ambición y los proyectos de vida incluyen comprar un piso, son necesarios, dependiendo del barrio, al menos, ciento treinta mil euros. Si la pareja hace el esfuerzo de poner un poco más por mes para tratar de pagar la mensualidad, el coste anterior del apartamento podría ser cubierto en alrededor de once años. Esto dejaría a las personas ficticias, viviendo con un suelo solamente. Sin embargo, vivir con este salario, significa sacrificar una buena parte de la vida cotidiana. Es decir que será necesario contar los euros cuando se compra la comida, evitar los viajes, etc., en resumen, vivir como estudiante durante ese tiempo.

Si se piensa en tener hijos, la situación está frita, el estrés será constante, el espacio reducido, y la frustración, considerable.

Los parques seguirán ahí para tomar el aire y salir de la ratonera, los autobuses continuarán anunciando las paradas con antelación, de tal manera que se baje en el punto deseado. Pero la felicidad, seguramente nos parecerá lejana.

¿Cuántos latinoamericanos viven en un espacio tan reducido?

No trato de minimizar los méritos de una sociedad organizada gracias a las restricciones y los impuestos. Sólo trato de relativizar y de poner las cartas sobre la mesa. No todo en Europa es miel sobre hojuelas, sobre todo desde la creación de la Unión Europea que ha favorecido a los que más tienen, incluso al interior de los países mejor situados. De tal manera que las personas que vienen al otro lado del pedazo de tierra de donde salió Cristobal, recuerden que hay también cosas buenas del otro lado del mar.

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