Los ochenta

Todavía no se había prohibido lo ilegal, porque se estaba descubriendo:

Los jipis plantaban marihuana en ventanas que daban a la calle y los pastilleros se metían en macrosalas de música máquina para flipar, practicar sexo desinhibido; los estudiantes tomaban anfetas y aprobaban sus exámenes y se convertían en abogados que creían en el consumo responsable de drogas.

El sida no existía y bastaba con correrse fuera para que no hubiera embarazadas; las medias de multicolores y los cabellos teñidos en azul, amarillo fosforito o rosa fluorescente. Los fachas estaban en el bar o en la iglesia y se olvidaban de cortarles por fuerza las greñas a los adolescentes que no veían entrar por la ventana de madrugada.

O algo así me contaron. Yo no era más que un criajo que veía Mazinger Z, Heidi, Scooby Doo, Mc Gyver, El Equipo A y se dedicaba a garabatear caligrafías rubio, o escribir en hojas de grandes cuadrículas con cenefas mis primeras letras.

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