Perico y Scottex - Capítulo XXVI Un mundo nuevo y mejorado

Por la autovía no dejan de verse carteles anunciando los nuevos bienes de consumo de la era postmodema.

El espacio publicitario es tan caro y el papel también, que las antiguas vallas, ahora son una suerte extraña de televisores de plasma cuya parte trasera está llena de paneles fotovoltaicos. Los rayos solares llegan hasta ellos através del neblumo de las grandes urbes y el dinero engrasa las poleas del consumo. Todo se vende y todo se compra: Cocaína con envoltorio oficial y pertinente advertencia de las autoridades sanitarias; éxtasis líquido en la puerta de la escuela y parques sexuales temáticos con descuento para menores de edad por ser coetáneos de la mayor parte de las meretrices.

Se venden copias del alma en celulosa, sobre las que el banco concede una hipoteca; vaginas enlatadas para aliviar las largas noches solitarias, caramelos con formas fálicas y en modelos aptos para la doble penetración. Las iglesias, consideradas como último baluarte de los anquilosados valores morales de la antigüedad, se usan de botellódromos y fumaderos de crack. Sólo han quedado en su interior máquinas expendedoras de alcohol para cuya utilización es necesario aportar uno mismo el recipiente que se coloca bajo un receptáculo a la espera de recibir su mezcla de alcohol, agua carbonatada y hielo perpetuo; una nueva invención cancerígena pero que jamás deja de enfriar y es realmente barata de producir. La puta María está disfrazada como una muñeca hinchable, puesta en un altar e iluminada por focos halógenos. No hay crucifijos sin que al menos uno de sus extremos sea un consolador. Ni siquiera hizo falta prohibir la creencia en Dios. La misma iglesia se autodestruyó, al ser una empresa que promulgó hasta el final de sus días valores no acordes con los nuevos tiempos: Virginidad hasta el matrimonio, pobreza, austeridad y sin sinfín de patrañas que ya nadie cree.

El mundo ha llegado a su versión dos punto mil. Su código fuente ha sido optimizado para su máximo rendimiento, reescrito en ensamblador y recompilado mil veces. -Oiga señor… ¿Una mamadita benéfica?- Me invita una niña de unos catorce años. -No, lo siento, voy mal de tiempo.- Una vieja me increpa: -¿Es que no tiene usted corazón, me cago en el copón divino?

El único remedio para vivir feliz, es inocularse cada mañana, junto con los demás estupefacientes, medio centímetro cúbico de desamor: Trabaja, drógate, paga los impuestos y no quieras a nadie por encima de a ti mismo. Un enamorado no es productivo ni feliz; malo para el propio individuo y nefasto para la sociedad.

Los demás géneros literarios se han extinguido en favor del realismo sucio, que se anuncia a bombo y platillo bajo los mensajes que se reciben en los teléfonos móviles de vigésimo segunda generación, edición especial para nuestro siglo.

Atestadas de polución, los vendavales polvorientos y tóxicos son despojados de los gases necesarios para la respiración, por un filtro que los acumula en una botella de material ultraligero sujeta a la espalda.

Me he quitado la máscara. Soy un suicida que se niega a drogarse por motivos diferentes a los lúdicos y que incluso prefería a los inexistentes dioses cristiano, hindú, budista y hasta a los antiguos testigos de Jehová. Tanta realidad, hace daño a la vista.

Mientras los aires modernos corroen mis ya deterioradas vías respiratorias e inutilizan a una de las células que componen el organismo de la humanidad, impidiendo que ésta se exinga, un postrero pensamiento cruza mi mente enferma: ¿Quién fue el último individuo enamorado, en un siglo en el que ya no había nadie a quien amar?

Una respuesta para “Perico y Scottex - Capítulo XXVI Un mundo nuevo y mejorado”

  1. creditos:

    El anillo de la virginidad

    ¿Juramento cristiano? Esta es la interpelación que sobrevuela por las cabezas de millones de norteamericanos cuando ven, a los luceros adolescentes de su pequeña pantalla, aparecer con una alianza de la virginidad.
    Miley Cyrus (Hannah Montana), Selena Gómez (Los Hechiceros de Waverly Place) y la joven banda masculina de los Jonas Brothers (Camp Rock), son algunos de los rostros televisivos que han admitido, abiertamente, que sus sortijas significan que no sostendrán relaciones carnales hasta los esponsales.

    El arranque de esta clase tesoros de los Estados Unidos se remonta a los años 90 entre los grupos pro abstinencia. Los anillos se pueden adquirir por Internet y tienen mensajes como: “El amor verdadero espera” o “Una vida, un amor”.

    Kevin, Joe y Nick Jonas, de 20, 18 y 15 años, declararon que llevar estos anillos es “una promesa a nosotros mismos y a Dios de que no mantendremos relaciones sexuales hasta el matrimonio”.

    Curiosa moda.

    Carlos Menéndez

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