Perico y Scottex - Capítulo XXVII Indestuctible Etarra

Imaginen un reptil que con su lengua es capaz de comerse un insecto a mil kilómetros, que cambia de piel para que nadie lo reconozca. Sobrive a un ataque nuclear como una cucharacha, y regenera cual lagarto cada extremidad amputada.

Es también anfibio y pájaro, topo y resistente al magna. Domina todos los medios y siempre resiste cualquier desastre natural o ataque de depredadores. Su cuerpo está blindado y sólo busca la forma de alimentarse, a costa de no importa qué otras formas de vida.

Puede habitar entre basuras, sustentarse de desperdicios; todo lo roe ejercitando su mandíbula a fin de que los dientes no le crezcan. Si dejara de desgastarlos, moriría, tanto le crecerían los incisivos. Come paja del campo, mordisquea el plástico, se da a la coprofagia si no le queda más remedio y bajo ninguna circunstancia, cesa de escarbar una madriguera.

Jamás se pone enfermo y ningún virus lo afecta. Se alimenta y procrea en las condiciones climáticas más extremas. Su hábitat natural es incluso más amplio que el del ser humano, pudiendo vivir en el polo sur, entre las arenas de las zonas más inhóspitas del desierto de Sáhara; engordaría en el desierto de Gobi y sobre todo, no se le ocurriría preguntarse a lo largo de su vida, ni una sola vez, cuál es el motivo que lo empuja a ese esfuerzo inusitado por aferrarse la vida: Así soy yo. El triunfo es mi única salida.

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