La conversación insólita

Estaba en su habitación con mi recién adquirida amiga con derecho a roce, Anneliese; en una noche muy larga de esas en que el tiempo parece estirarse para benevolentemente concedernos un recreo que nos permite el aspirar humo, acariciarnos y dejar pasar las horas.

Y de pronto, entró al salón que estaba a pared con pared del dormitorio un grupúsculo de individuos de diferentes orígenes y lenguas que se comunicaban en un español rudimentario y casi gritaban cosas como: “¡Le debes lamer las tatas! ¡No puedo creer tú chupado polla! ¡Ahora Anthonella y Laura!”

Pero hete aquí, que como tantos otros elementos del mobiliario mal dispuestos en un piso de estudiantes, un espejo situado en la esquina de un pasillo que se ensancha en una habitación destartalada, veo reflejado el rostro de Laura. Laura… Mi primera exnovia.

Según pinta la cosa, no he sido el único en abonarme al Partido Proerasmus; pero como decía en este momento… ¡Nada me importa!
Salgo y la saludo, y hasta bromeo con ella. Luego vuelvo al cuarto con Anneliese, que malditos años me había ya arrebatado la otra arpía. “Huy, ¿he dicho la otra arpía? ¿Anneliese también es una arpía?” Claro, me digo. Si por muy alemana que sea no se libra de ser mujer. Y en ese justo momento mis pensamientos negativos regresan e inundan mi anteriormente despejada mente.
Bueno, al fin y al cabo, ¿qué más da? Aún tengo a Anneliese, para dejar todo atrás y olvidarme del mundo entre sus piernas.

Una respuesta para “La conversación insólita”

  1. Anabel:

    Tengo que reconocerlo: Me ha encantado =)

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