Instrucciones para desperdiciar la vida de un informático frustrado

Me levanto tarde por la mañana como un capullo integral. Como si el día tuviera infinitas horas o yo contara con días ilimitados.
No me peino, me lavo la cara ni ninguna otra cosa que forme parte del acicalamiento personal; en el absurdo pensamiento de que las arrugas jamás se apoderarán de mi rostro y no irá éste a perder vez alguna la ocasión de estar mínimamente presentable a los ojos de las féminas.

Esa corta etapa de la vida de las personas en que realmente son capaces de aprender, la dilapilé en estudios inútiles e insatisfactorios que no suscitan en mí el más mínimo interés ni aplacan la insacisable necesidad de la auténtica sabiduría de la que mi mente está ávida.

Ahora trabajo ocho horas diarias frente a la pantalla de un ordenador revisando códigos de programación y devorado por una máquina que hace tiempo me pareció fascinante y que sin embargo ahora utilizo como un ganadero a una vaca, extrayendo la leche que me exigen.
Debieron cortarme las manos el día que rellené la solicitud para cursar estudios de informática en la universidad.

No toco los cigarrillos ni el alcohol, huyendo de ellos como de la peste; pues alguna estúpida razón me hace aceptar la creencia de que si no me envicio en los placeres semiprohibidos viviré siempre con buena salud y durante toda la eternidad.

Me ennovié a los catorce años y a los veintiocho sigo con la misma chica, lo que refleja mi temor a cambiar y me hace preguntarme cómo sería el sexo con una mujer distinta; cuestionarme mi naturaleza de hombre heterosexual.

Gano mil doscientos euros mensuales de los cuales el 70% o más es para pagar la hipoteca que solicité para la compra de un piso en las afueras de la ciudad de provincia cuyos humos tóxicos inhalo como un adicto un gramo de cocaína de sus propias manos.

No conozco apenas mi lengua y soy capaz de expresarme con precisión ni claridad. Me río de los estudiantes de letras que son aún más muertos de hambre que yo.

Algún día tendré hijos y procuraré mudarme a un piso más grande, y si se puede más céntrico; para que cada uno tenga su propio cuarto y ver cómo llevan una existencia mediocre como la mía, mientras envejezco.

Y he aquí mi lápida y mi cuerpo lapidado mientras todos contemplan lo que, dicen las marujas, ha sido la existencia de un hombre correcto, bueno y feliz.

3 respuestas para “Instrucciones para desperdiciar la vida de un informático frustrado”

  1. Anabel:

    “Trabajarás hasta reventar para dar de comer a los niños, llevarlos al médico, vestirlos, costearles una deficiente instrucción y hacer de ellos honestos y pobres oficinistas como nosotros, para que perpetúen la especie de los miserables” Mendoza. :)

  2. Víctor:

    Escribir un desasosiego, revelar una palabra, consentir un respiro que vuela hacia la libertad es una utopía en este mundo. Mi amigo, acabas de escribir sobre el detonante de la enfermedad mas común del mundo, y te daré un sabio consejo, el mas sabio de todos, no tengas hijos. No merece la pena ofrecerlos a este mundo egoísta y materialista. Los tengo, los toco, los miro, y siento lástima por ellos, por esta sociedad en las que los colocamos como terneros que van al matadero. No los tengas por mas que tu mujercita los desée, ella no lo entenderá, solo comprenderá que es la única manera de atarte a ella el resto de vuestras vidas, no le importarán tus sueños, y con ellos en este desgraciado mundo tan solo te quedará remediar lo irremediable.
    Un día estudié tanto como tú, una ingeniería, y descubrí lo poco que sirve el esfuerzo en esta condenada sociedad. Mira, he leído tus palabras pensando que si fueras una chica te habría pedido que te casaras conmigo, has leído como me duele el alma de una persona normal, que ni tan siquiera puede disfrutar de dos horas semanales para hacer algo que le guste, y sí eso es lo que te espera. Siento ser tan claro, pero como decía mi madre, lo que para ti no quieras no lo desees para los demás.
    Amigo, espero que la vida te vaya muy bien, a tu edad, te saco diez, yo escribí lo mismo en una pequeña bitácora que tenía, y ahora la releo amargamente comprobando mi cobardía.
    Un abrazo, y reitero lo mismo que te he deseado antes, que la vida te vaya muy bien. Te felicito por el escrito.

  3. Víctor:

    Hola Anabel, aparte de felicitarte por tu nombre que es precioso, quiero felicitarte por lo que has escrito.
    Un saludo.

Deja un comentario