Perico y Scottex - Agresión racista

Caminando por un mal barrio, a altas horas de la madrugada, El Etarra apreció una joven rubia. Estaba siendo asediada por un saltimbanqui sudamericano de poca monta con algún tipo de objeto puntiagudo en la mano.

Con claras intenciones postcoitales, se valió de su navaja y su fuerza bruta para humillar a aquél pobre infeliz y cuando finalmente comenzó a intentar a hablar con la desconocida. Lo hizo al grito de: ¡Vete a joder a tu país, panchito de mierda! Aunque le pareció extraño, la chica manifestaba un rechazo hacia él. Tal vez era una de esas remilgadas, a las que no le gustaban los que llevan navaja automática, ni siquiera si la habían salvado. Tal vez hoy no se había peinado bien su pelo cien por cien natural, del cual había confesado que se trataba de un peluquín, sólo para ridiculizar a Perico en el caso de que se pusiese uno.

Le musitó con un acento que se le antojó alemán (como se le antojaban siempre todos los acentos de extranjeras desconocidas inscritas en el programa de intercambio Erasmus, siempre y cuando no fuese flagrantemente norteamericanas o italianas) que tenía que irse, que era tarde y tenía aún el miedo “endentro” del cuerpo. Aquello de “endentro”, le sonó tan germano, al bueno de El Etarra, empapado en alcohol… ¡Tan tan germano!

Dos días más tarde, El Etarra se reconocía en el periódico 20minutos. En concreto, dentro de un artículo bastante mal redactado (seguramente por un becario de la carrera de periodismo, carrera infestada de analfabetos y retromongoles con ganas de gandulear durante la edad del campus) la historia de una agresión racista a manos de un desconocido.

-¡Mierda de noticias! ¡Mierda de periódicos! ¡Falacias, calumnias!

-¿Te vas a acabar ese porro, cabrón?- Soltó Perico.

-¿Sabes qué dice el periódico de mí?!- Preguntó el Etarra, como si a Perico pudiera interesarle algo relacionado con la prensa, con él, o con los ambos.

-¿Que me pases el porro?- Bromeó Perico, chanceándose.

-Toma el jodido porro, anormal. ¿Sabes que por lo visto, salvar a una extranjera de un robo, está considerado en este país, como una agresión racista? - El Etarra le pasó el porro a Perico, tomando nota mental de mandarlo a comprar hierba. No siempre iba a ser él, el encargado de tratar con los camellos de barrio.

-Deberías leer las noticias enteras. No sé por qué sabía que el gilipollas que salvó a una gaditana de que su novio sudaca se la follara por la noche, deberías haber sido tú.

-¡Hijo de puta!- Rió el Etarra.

-Volvías a estar levemente ebrio como una cuba, ¿eh? - Dijo indulgentemente Perico.

-Pero hay algo que no me cuadra. ¿Qué era entonces el objeto puntiagudo que llevaba en la mano?

-Cualquier gilipollez. Un condón de esos de envase estrecho, o tal vez simplemente tenía un dedo levantado y por el color, te paleció el puo de una navaja. -Especuló Perico.

-En fin… Qué cojones. Si no tienen sentido del humor, que se vuelvan a su país.- Sentenció El Etarra haciéndose un nuevo porro.

-Tu actitud de beber como un cosaco en un bar ilegal de Estados Unidos durante los años de la ley seca, nos acabará acarreando problemas. Estás gilipollas.

-Agárrame los cojones, subnormal. ¿Qué ha pasado? ¿Acaso hay alguien muerto?- Repuso el Etarra.

-Sólo dime una cosa: ¿La alemana aquella, te ha mandado unas fotos con su amigo sudamericano y por eso los odias? ¿O simplemente sigues sin superar que por una vez, se te adelantaran en eso de mandar a tomar por culo a tu ligue de folleteo?

-Como psicoanalista eres tan malo como limpiando el piso. Y aparte, no esperes fumar de este porro. Hace dos semanas, que soy yo el que compra la hierba.

-Me recuerdas a esos tipos que tienen que llevar un coche enorme y carísimo, por su complejo de pene pequeño, Etarra. Sólo intentas desviar la atención cada vez que se te pone en entredicho.

La habitación estaba sucísima. Había pelusas por todas partes, cajas de pizza vacías o con trozos a semidescomponer. Había dos sofás  dispuetos en el centro de la sala y torcidos hacia un televisor de plasma, debido al gran número de ocasiones en que ambos inquilinos deseaban usarlos simultáneamente.

La conversación fue derivando hacia nuevos horizontes cada vez más abstractos e inconexos. Perico comenzó a liarse porros mientras El Etarra lo miraba sin acordarse para nada de que estaban desacatando sus órdenes y se quedaron dormidos cada uno en su sofá.

2 respuestas para “Perico y Scottex - Agresión racista”

  1. Grapo:

    Me encantan las peripecias de El Etarra, pero no sabes escribir una puta mierda. Al final El Etarra le dice a Perico que no le va a pasar el porro, pero unas líneas más arriba YA SE LO HABÍA PASADO. Además luego dices que El Etarra no sabía qué llevaba en la mano el sudaca si no era una navaja, cuando al principio ES ÉL MISMO EL QUE LLEVA LA NAVAJA EN LA MANO.

    Pues eso, que muy radikal y muy extremo pero de escribir, ni putísima idea. Sé un poco autoconsecuente y préndete fuego.

  2. Misosofos:

    Hijo mío, es un borrador susceptible de revisión. Gracias por tus observaciones a pesar del tono ;P

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