Mi primer emparedado (Relato de un anglófobo.)

Puede que nunca haya hecho claramente patente en esta bitácora la anglofobia que padezco desde tierna edad, (sobre todo en cuestiones lingüísticas), y debido a ella, a pesar de que pagué por él un poco más de lo normal, (y eso que lo pedí en la cafetería de la facultad de psicología, en la que se supone que se solidarizan con la penosa situación económica de la mayoría de los estudiantes universitarios), disfruté de mi primer emparedado.Soy consciente de que tal y como lo expongo muchos tacharán esta “manía” mía como algo patológico, pero es que estoy hasta las narices de tanto anglicismo, ya que ciertamente las palabras en inglés, suelen no sugerir nada, y sobre todo su uso indiscriminado cuando existe una palabra equivalente en español, me repatea desde que soy consciente de este hecho. Es por ello que al entrar ayer en la cafetería, y leer en una pizarra “Emparedados”, esbocé una sonrisa seguida de un comentario en voz alga que no pude reprimir, que cualquiera que me viera (máxime estando en la facultad de psicología), pensaría que necesito tratamiento psicológico.

Espero que todo haya quedado más o menos bien escrito porque al escribir en la biblioteca de la facultad, me siento observado y no lo releeré tan siquiera.

Una respuesta para “Mi primer emparedado (Relato de un anglófobo.)”

  1. José Manuel:

    Me recuerda lo de emparedado a ciertos relatos de Allan Poe en las que la pobre esposa o cualquier otro desafortunado espécimen siempre acababan detrás de una pared de ladrillos, jejeje (véase "El Gato Negro").

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