Como en casa
Halladme el paraje más triste; ambientadlo con la canción más deprimente y melancólica.
Que el decorado sea el de un atardecer funesto y los objetos parezcan sombras insidiosas.
Dejadme solo, donde no oiga ni el ruido de los grillos, el croar de las ranas o el roce de las ramas.
No quiero riachuelo alguno, que porte agua fresca, ni un murmullo agradable, ni temperatura suave.
El aire correrá seco, llevará gruesa arena y silbará frenéticamente sin llegar a ahogar el fondo musical.
No me mováis de aquí. Me siento como en casa.