Mi cine
Colaboración de Basilio Pozo Durán http://habitandoelolvido.spaces.live.com/
La ciudad se va llenando de esos paisajes de ausencia que nos dan vida. Aquí,
aquí estuvo, aquí estuvo, y aquí hubo, aquí había…No era muy bonito, nada particular. Estaba en uno de esos centros comerciales,
de esas enormes cajas de zapatos que afean las entradas y las salidas, de una
capital del sur. Aséptico y funcional, como un cepillo de dientes apto para
todas las bocas.Tenía muchas salas pequeñitas para diversificar y personalizar la oferta,
para evitar que coincidieras con ese vecino que tanto odias. Las vendedoras
asomaban su carita desde el interior de un panel de rayos catódicos que
hipnotizabas a los compradores. Dos para la ocho. Tres para la nueve. Y yo: una
para la dos. ¿Para la dos, “Noviembre”? ¿Para las seis y media? ¿Una sólo?
Sí, solo, una y otra vez. En soledad con…La historia resumida de mi novela favorita, el menor que juguetea con drogas,
la maltratada que todavía lo ama, el cuento sobre el valor de la magia, los
extraños habitantes del psiquiátrico abandonado, la vida de esa escritora, el
amor imposible más triste de todos, la rabia por tener que madurar, el
encuentro de dos extraños por accidente que ya no se separarán nunca, la
crueldad de la guerra, los nervios por no saber quién es el malo. El escritor
que huye de su suerte con el folio en blanco.Iba siempre caminando. Media hora. Me gustaba bajar al atardecer, con las
hormigas urbanas escapando de los trabajos y las familias escondiéndose entre
paredes. Arriba, enfrente, lejos y cerca, la pintura abstracta del cielo me
sobrecogía, me liberaba del peso de mis pies, me empujaba fuerte desde detrás
de los ojos. Esa pintura la colgaban ahí, siempre distinta, como ajena de este
desastre, como si no asistiera ella también al final de los finales. Más
abajo se dejaba oír el murmullo ronco de la ciudad.Y volvía caminando. Media hora. La música, las palabras, las miradas, los
colores me trazaban mi propia historia, como si hablaran de mi mundo, de mí.
Subía deprisa o despacio según me sintiera alegre o triste. Solamente iba
cuando hacía frío, cuando el aire hacía notar sus caricias en las mejillas,
en las manos, en los labios. Yo me hacía pequeñito y me dejaba hacer: las
lágrimas más tiernas, los suspiros más hondos, el baile más medido. Tantas
historias, tantos escritos que me has dado.Un día dejé de verte en los periódicos, dejé de verte en internet. Pasé a
verte una noche pero no estabas, sería festivo, estarías descansando. Pero los
periódicos seguían sin hablar de ti, de repente te olvidaron, sin
explicación, sin noticia alguna. No podía ser, era raro.Consulté una página de noticias locales: te habían cerrado.
Eras el único que tenía un nombre que hacía referencia a la ciudad, que
hablara de ella, que se hermanara con ella. Te llamabas Alhambra.Hoy la ciudad se sigue llenando de paisajes de ausencia.
P.D.: Con lo vago que ando últimamente, espero que lleguen más colaboraciones ![]()
3 Noviembre, 2006 a las 8:10 pm
Si quieres te hago yo una de furbos, jajaja.
5 Noviembre, 2006 a las 8:56 pm
Qué bueno, me ha gustado.