El servicio está fatal

Sé que esta frase puede sonar algo “pija”, pero hay un hecho incuestionable que vengo notando desde hace algún tiempo: Casi nadie nos atiende adecuadamente en ningún establecimiento.
No es ningún secreto el episodio que ya viví en un centro de salud. Ni tampoco que estoy harto de ver la cara anodina de la señorita que me posibilita enviar paquetes en correos, al soplagaitas que lleva los papeles de la universidad o el desdén de la panadera de la esquina.

Por un lado, es lógica la desmotivación que asola a muchos. Sueldos de pacotilla, negocios ajenos en los que a veces no existe ningún tipo de incentivo, etc. Y también están los funcionarios (hay que echarles de comer aparte), que esos sí, siguen tan vagos e incompetentes como lo fueron dede el origen de la burocracia y la propia adminitración.
A pesar de esto, no creo que sea menester insistir mucho acerca de la importancia que tiene el trabajo de cara al público. Pues muchas veces, marca la diferencia entre elegir un comercio u otro para realizar nuestras compras o consumiciones.

Dicho lo cual, he de reconocer que hoy y para variar, me he vuelto a sorprender gratamente por el que desde ahora es mi suministrador oficial de chucherías y golosinas. Un hombre de unos sesenta años cuya tienda, “El Almacén”, está situada justo en frente de Pc-Online en Granada, en la calle Sevilla para más señas.
En una ocasión, me convenció para que probara unos garbanzos tostados en aceite de oliva que hicieron las delicias de mi paladar.
Y en ésta, me contó además que llevaba cuarenta años vendiendo golosinas, que le parece una idiotez lo de prohibir el tabaco de chocolate (uno de mis dulces preferidos en mi niñez) y que me iba a dar unas cajas de plástico que tenía, para que no se me fuera a estropear la reciente adquisición.

Boquiabierto me quedé. A fin de cuentas, ya no está uno acostumbrado a que lo agasajen ni pretendan ganarse su fidelidad como cliente. ¿Quién dijo que ya no teníamos nada que aprender de nuestros mayores?

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