Viernes de resaca

Ayer… Nada. Sólo recuerdo una sucesión de escenas lamentables que me instaban a desear que estuviera a kilómetros de distancia.
Ni siquiera tengo resaca, este maldito viernes de resaca. He llegado a ese punto donde odio el alcohol en cantidades ingentes y consumido fuera de la comodidad del hogar o de una cantina.
¿En qué momento me volví tan viejo y tan soso? Aunque por otra parte… ¿Acaso disfruté vez alguna haciendo lo que hacen los demás?

Sin embargo, y por más que intente autoconvencerme, me sigue quedando un regusto en el paladar del que sería el sabor de la frustración, si es que ésta tuviera sabor alguno: Esa frustración de quien sabe que está lejos de acariciar la felicidad con la punta de los dedos y se hunde en un charco repleto de mediocridad.

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