Envejecer dignamente (Fuma y no seas gay II)
Envejecer dignamente (Fuma y no seas gay II)
Lo más cómodo sin lugar a dudas, era envejecer. Acumular experiencia en detrimento de días de vida, hacer aquello que correspondía a su edad y dejar de lado todas las ensoñaciones que no dejaban de atormentarlo dándole a entender que había otro camino: a sus treinta y cuatro años, se volvía a ver en la ruina. Todo cuanto había construido en el terreno laboral y amoroso, se vino abajo por contravenir lo políticamente correcto. Y si bien era cierto que anunciar tabaco era algo que nunca le había apasionado demasiado porque en el interior de su corazón, no deseaba que nadie más experimentara una adicción semejante a la suya propia, también era innegable que lo molestaban de sobremanera todas aquellas prohibiciones que se imponían y el hecho de que si ni tan siquiera el arte (del cual la publicidad formaba parte) era capaz de romper ciertas normas protocolarias, ¿qué lo haría entonces?
Hacía cinco años que vivía con el Etarra. Con sus más y sus menos, se podría decir que la existencia había sido plácida a su lado. Lo que realmente resultaba desconcertante para Perico, era que un traficante de drogas como El Etarra, tuviera menos problemas con la ley que un ciudadano como él cuya reinserción fue posible por no haber pasado en primer lugar por la cárcel. Desde hacía mucho tiempo quería dedicarse a la compraventa; era un oficio que no conocía épocas de crisis y en el que sólo variaban las mercancías con las cuales se negociaba.
Tuvo algunos éxitos y se consolidó como pequeño empresario desde su casa, permaneciendo siempre como un trabajador completamente autónomo. Su estrategia no era del todo mala: Calculaba posibles pérdidas, salida de los productos a la venta en el actual mercado, posibles ascensos y descensos del precio, ganancias, riesgos… Claro está, lo hacía desde el punto de vista de alguien cuyas nociones de economía son mínimas, lo cual no lo impidió tener un balance positivo. Su campo de venta eran varios portales en internet, de entre los cuales se centró en eBay por diversas causas: no necesitaba nada más que Paypal para cobrar a través de tarjeta de crédito, era el portal con una mayor comunidad de usuarios y desde los veinte años se había forjado cierta reputación como comprador y vendedor, cosa que se veía reflejada en su perfil de usuario y que inpiraba confianza a los potenciales compradores. La mercancía la obtenía comprando grandes lotes de materiales diversos, como una inmensa partida de mecheros tipo Zippo que vendía desde unas semanas antes de navidad, del día del padre o de San Valentín. Cuando tuvo el suficiente dinero, investigó la forma de traer productos tecnológicos desde Hong Kong, pagando lo mínimo. Era curioso cómo cambiando el domicilio, el apartado postal y el nombre del remitente (acabó por mandar teléfonos móviles de la marca iPhone a casa) era posible obtener paquetes de tres o cuatro terminales móviles por la mitad de su precio en el mercado y luego revenderlos un poco por debajo de su precio en tienda, liberándolos previamente a través de internet con tan solo saber su número de IMEI. En los dos primeros meses de trabajo vendió quinientas fundas para iPod, quince iPhones y había hablado con una fábrica jamonera local para que le suministrara lotes de cien envases de jamón cortados en lonchas que proyectaba exportar a países miembros de la Unión Europea. Un total de mil euros de ganancia, que resultaba una miseria para dos meses de duro trabajo (o no tan duro, pues no se veía supeditado a horarios, ni a un superior que controlase su actividad laboral), pero que había conseguido sin prácticamente inversión.
Animado por el nuevo trabajo y espoleado por la ambición, pronto comenzó a facturar varios miles de euros al mes. Llegó a un punto en el que debía expandirse, pero dada la situación actual, convino con su compañero de piso en que contratar personal, alquilar un almacén y tener un sinfín de gastos más, sólo iba a acarrearle quebraderos de cabeza. Lo mejor que se le ocurrió fue seguir trabajando a destajo durante unos meses, con llamadas, lotes perdidos, yendo a recoger y a enviar a Correos, MRW, Seur y mil y una agencias de transportes, algunas tan poco conocidas que operaban sólo en los límites de la capital madrileña. Había ganado tanto, que tenía miedo de perderlo; aunque con tanto fuera de menester más bien referirse a un medio de ganarse la vida lo suficientemente legal como para no dar con sus huesos en la trena, más bien que a la cuantía del capital obtenido.
Cuando hubo reunido cierto dinero, emprendió de nuevo su camino hacia la sapiencia; aunque esta vez se decantó más bien por lo práctico y cursó innumerables horas de diseño gráfico, programación web, etc. Misteriosamente, lo que más le gustó de aquello, no fue la utilización de los ordenadores para el diseño (materia en la que estaba totalmente centrado); sino en el efecto de una imagen, de una palabra, en la reacción psicológica del destinatario… Observó asociaciones de ideas, cómo una imagen podía llevar a cabo una intención y de qué manera en general, un conjunto de técnicas sociológicas, retóricas y psicológicas había recibido el nombre de publicidad. Distanciándose del aspecto técnico, comenzó a estudiar el aspecto social. Leyó libros, asisitió a algunas clases en la universidad, cambió los cursos de informática y diseño por otros de mercadotecnia y medios audivisuales. Al cabo de un tiempo sabía todo lo que hacía falta para emprender el vuelo en la era del bajo coste: No sólo buscaría él mismo potenciales clientes, sino que les ofrecería publicitarse en Internet, evadiendo la gran mano puesta a modo de cenicero de las grandes televisiones. Youtube le pareció la herramienta puntera de todo su plan. ¡Y vaya si tuvo éxito! Nadó en él, hasta que se le ocurrió hacer aquél estúpido anuncio sobre el tabaco. Luego aprendería las ventajas de una sociedad anónima o limitada frente a la empresa de un publicista con toda una plantilla a su cargo.
Me gustó mucho cómo desarrollaste la idea, soltándola al final. En un principio pensé que perico estaría trabajando en la distribución de publicidad en la calle.
También me parece que la explicación del universo del comercio por internet.
Ya júntalo tío, no seas huevón.