Privilegiada Nostalgia
Autor: Basilio Pozo Durán. http://habitandoelolvido.spaces.live.com
Si me sirviera esta cantinela para curarme la manía bulímica de inundarte de
algas y sapos cada siesta que me envenena… Si ahorcar pudiera el halo
dolorido que me queda aquí, entre el techo siempre el mismo y la agenda
blanqueada, aquí a medio camino entre los besos y las puñaladas.
A nada de eso alcanza este suburbio de sonidos sin voz, sin acompañamiento de
guitarra (nomás por tener algo que abrazar…). Sólo cumplo con la regla
milenaria de dolerme cuando mandan doler, callarme cuando quiero gritar y
quedarme cuando muero por marchar.
Pero no existen más horizontes que aquellos que pinto con mis ojos, ni más
colores que los que aguardan en la paleta de unas manos agrietadas que
acuchillan, despiden, llaman, toman, sueltan para volver, como siempre, a
enguantarse de nada.
Me resultaría más sencillo hacer un templo de mi cama, consagrar desde los
pies a la almohada un espacio de ritos para regalarme alabanzas… un recinto
donde pueda tiritar cuando sienta frío, donde el mal olor del sudor me inunde
los días de sol y las sábanas con sus filos compongan una orgía de besos al
vacío y caricias al aire.
Si la magia me concediera hacer de esta queja mi vez primera yo sería más
humano, no me importaría tanto lo digno, lo justo, lo bien mirado… y
saldría fuera del recinto, lo condenaría a la hoguera de música y fiestas
sin letargos y grabaría en las miradas de la gente, de tanta gente como sí me
importa, un reflejo de mar en calma, de seguridad probada, de infinita
confianza.
Y entonces aprobaría las bienvenidas y las despedidas, los ruidos y los
silencios, las ausencias de tu piel, el vacío en tus pupilas… y respiraría
hondo y más que hondo, bucearía hasta el fondo, y me quedaría allí, con
sólo la almohada de tu hombro… y no esperaría nada, ni profetas ni mesías
ni salvadores de falsas patrias… sino que disfrutaría de esa privilegiada
nostalgia, la haría mía y me quedaría quietecito como un feto muerto. Y
dejaría que el mar me llevara y me trajera… y hasta puede que me retorne a
la superficie y una tarde, como ésta, como una tarde cualquiera… veas que
hay algo flotando que hace que el mar se vea distinto, que no sabe muy bien
adónde va ni de dónde viene y que tal vez sólo quiere, devolverte ese hombro
de almohada y decirte que nunca antes fue tan dulce ver morirse algo entre
palabras.
Y puede que funcione la magia y tu cara recupere su vida y que yo corra nadando
hasta la orilla. O puede también que te mire y no tengas cara y me sienta
pesado para nadar hasta la playa. Sólo hace falta que el tiempo nos enseñe
los secretos y nos dé la posibilidad, al menos, de jugar sus cartas.
7 Diciembre, 2006 a las 1:06 pm
Y yo que buscaba textos misóginos y mira donde acabé
Llevo un tiempo leyendo y hoy me apetecía comentar jeje, buen blog