¡No me ha tocado la lotería!
Me invade el pánico cada vez que compro un billete de lotería. Es algo que uno siempre acaba haciendo por compromiso y que podría acarrearnos serias consecuencias… ¡Casi las mismas que jugar a la ruleta rusa!
Ayer no dormí pensando en que me pudiera haber tocado el gordo de Navidad. Menos mal que no tengo ningún décimo premiado y mi vida va a ser siendo igual de adorablemente miserable.
Las cutrez está revestida de un encanto del que carece el lujo. Y yo adoro los pisos viejos, derruidos, antiguos e incómodos; la ropa raída, vieja, hecha jirones; el ron barato, la ginebra de sabor a colonia, el güisqui venenoso; los barrios obreros, agrietados y sitos en los suburbios; la cola del metro, salir a comer kebaps en un sitio que parecen no haber limpiado nunca; un coche viejo, bollado cuyas puertas traseras no abren y al que le falta un intermitente; el tabaco Ducados Rubio que raspa la garganta como una lija; el hachís adulterado y la cocaína mezclada con bicarbonato.
Definitivamente, me alegro de no haber tenido que renunciar a nada.
29 Diciembre, 2007 a las 1:20 am
jajajajajj
Hay que ver lo bien que vives! Y encima, por lo que leo, afortunado ¡oye! Va y no te toca la lotería ni nada…¡qué suerte la tuya! Yo, en cambio, no levanto cabeza desde que me forré con el gordo. ¡Qué mal repartido está el mundo!
Airu