Adiós a lo abstracto
Es imprescindible cosificarlo todo para poder seguir este ritmo frenético impuesto socialmente; convertirlo en concreto, perceptible, tangible, medible.
Sopesar si a su padre lo quiere cuarentra y tres kilogramos y a su madre cincuenta y siete.
Vestirnos con un traje hecho de hilo de odio o un tejido de lástima; bañarnos en la melancolía, columpiarnos en el gozo, trepar hasta la cima del una masa de aburrimiento enorme cual montaña, y otear desde lo alto para disfrutar de una diversión que la eclipse.
Esta reificación se llevará a cabo poco a poco: Primero se desarrollará la androinformática, luego medidores de impulsos cerebrales. Posteriormente se descubrirá la equivalencia entre valores númericos de escalas preestablecidas y la magnitud de los sentimientos, expresada en microvatios. Por último se fabricarán materiales que guardarán percepciones para irlas liberando conforme las toquemos u olamos.
Pobre humanidad. Hace tiempo que cruzó esa delgada y difusa línea que separa a la obsesión de la locura y ahora no sabe cómo detenerse ante un desastre inminente.