Saber elegir
Una opción era restar en la soledad, resguardado en una habitación de mala muerte de una residencia universitaria.
La otra, irme con dos chicas dominicanas de las cuales sólo conozco a una; que cuando habla, parece instilar miel dentro de mi oído y que susurraba ¡Oh, qué lindo! a cada una de mis frases.
A simple vista podría parecer mucho más apetecible la segunda; mas intuía que me iban a llevar a una discoteca donde ambas bailarían hasta la extenuación, contoneando sus cuerpos sensualmente al son de una música infernal y ante la mirada lasciva de todo el personal masculino heterosexual de la sala. Mientras yo permanecería en cualquier rincón con las manos metidas en los bolsillos y preguntándome qué diantres pintaba.
La primera opción es sin duda la más ventajosa. Gracias a que la elegí, puedo legaros esto, mis cada día más queridos e inexistentes lectores.
Además, hoy ya he paseado demasiado en estas calles tan frías y escribir, aunque sean pamplinas; es lo único que me reconforta.