Todavía soy un adolescente

Todavía soy un adolescente

Cada día me doy más cuenta de que a pesar de mi aspecto avejentado y de la mala baba de quienes me rodean, sigo viviendo como un adolescente cuya ingenuidad no se ha visto deteriorada por el tiempo.
Supongo que pasaré de verde a podrido sin que nadie más lo note; y también, que jamás disfrutaré de la plenitud de la madurez. Aun así… ¿Acaso puedo hacer algo al respecto?

Aquél niño con el que nadie quería jugar en el recreo no ha crecido. Todavía busca a alguien que quiera jugar con él y vivir en un mundo de fantasía; sin embargo, la suerte no parece querer sonreirle por más que lo intenta.
Una de las frases más célebres y conocidas de Dylan Thomas es La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo. Yo, mientras tanto, sólo me pregunto cuándo alguien me prestará esa pelota para poder arrojarla.

Creo que en cierto modo, he encontrado la explicación a mi fracaso académico. Me da un pánico indescriptible la sola idea de acabar la carrera… Aunque por otra parte, ver como otros van aprobando las asignaturas que yo no, tampoco resulta una perspectiva halagüeña.

Me viene a la memoria que alguien me preguntó una vez, no sé si con verdadero interés; por qué no escribía sobre mí mismo. He aquí la respuesta: Reflexionar sobre la propia persona, es abyecto y deprimente a no ser que uno se trate de un narcisista pedante e inaguantable; o de un ser maravilloso y que se baste a sí mismo; de los que existirán con total certeza, ejemplares contados.
A las flores, el amor, las calles, los animales y a cualquier otra cosa ajena a la propia persona; siempre es posible encontrarle un lado positivo, motivador e incluso bello. Para hallar la belleza en uno mismo se requiere un nivel de petulancia o pericia para nada corriente.

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