Archivo de 22nd Junio, 2005

¿Tú también, hijo mío?

Mi padre murió, pero la huella indeleble que su presencia dejó en mí, jamás desaparecerá.
El último recuerdo que de él tengo, es de un domigo por la mañana, con los ojos clavados en un tazón desconchado y preguntando a mi madre impaciente cuánto falta para el desayuno.
La calva, quemada por el sol y casi siempre con alguna cicatriz por un golpe, las patillas largas y blancas, la nariz abultada, bolsas en los ojos y los dientes apiñados y amarillentos.
El hirsuto bello que puebla su pecho cada año es blanco en un porcentaje mayor, su barriga crece y su genio empeora día tras día desde que lo conozco; tal que el declive de un Imperio Romano que no terminara de ceder ante las hordas bárbaras y continuase empeorando en su forma y esencia hasta no recordar más que vagamente al original.

Lleva unos pantalones cortos con alguna palabara inglesa cuyo significado para su entendimiento es tan incomprensible como si estuviera escrito en algún idioma milenario y su descifración fuera tan difícil podría diríase se trataba de su propia piedra Rosetta particular.
Nunca me preguntó por mis estudios, sino que se limitó a amenazarme puntualmente con que si no los llevaba a buen término tendría que irme a trabajar con él. Entonces ya me enteraría yo de lo que valía un peine. Para que viera que en efecto era verdad que se interesaba por mi futuro académico, de vez en cuando me preguntaba en qué curso estaba: Una vez por mes ; otras veces incluso dos a la semana.
Tampoco me habló jamás de sexo, conformándose con advertirme de vez en cuando de que sabía que me hacía pajas, y era algo normal; pero entrando no obstante en mi cuarto y en cualquier otro sitio que estuviese solo, sin llamar, seguramente con el fin de comprobarlo; ridiculizándome por mi condición virginal y haciéndome decirle su edad cada vez que descubría algún nuevo indicio de mi incipiente pubertad.
Sus observaciones sobre mis defectos, eran tajantes y podían venir en culquier momento de la forma más inoportuna. Yo diría que incluso prefería esperar a que hubiera algún amigo o familiar del ante para hacerlo:
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5 comentarios - ¿Qué te ha parecido?  Escrito por Misosofos - 22/06/2005 at 03:07

Categorías: Pequeños relatos   Tags:

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