A las dos las amo
8 Julio, 2005
Estaba tendido en el césped húmedo bajo un sol medio nublado y se acercó a mí.
Silenciosa, grácil, con una sonrisa tan dulce que en esa boca no podría disolverse el azúcar.
Su luengo cabello y rubio, empapado de agua cristalina goteó sobre mi espalda reseca y sus manos pequeñas de terciopleo acariciaron mi cuello.
La segunda apareció [...]